Ucrania

KIEV, Ucrania

 
Tomé un tren nocturno de Lviv a Kiev con una duración aproximada de 8 horas (9€). La diferencia de temperatura entre mi compartimento y el exterior, era como el de una sauna en la Antártida; mientras había estado durmiendo en manga corta –pasando calor y sudando-, de pronto me encontraba a -17ºC.
 

En el McDonalds de la estación me esperaba mi amiga Hanna (que ya he presentado en la entrada de Mlyniv). Para ir a mi hostal, el Hostelukraine Kiev Backpackers, tomamos el metro. Si 1€ son 12 UAH, el metro costaba 1.5, baratísimo. Las escaleras mecánicas bajaban muchísimos metros, parecía que nos íbamos al centro de la tierra.

Una vez ahí mientras desayunábamos, estuvimos contándonos cotilleos, pues hacía dos meses que no nos veíamos. Era curioso volvernos a encontrar en su terreno, en Ucrania.

Le sorprendió un cartel que había en el pasillo del hostal „Organizamos excursiones a Chernóbil”. Me comentó que es una visita muy interesante, pero que después es posible que te duela la tripa o la cabeza. Tela marinera.

Primero comenzamos en la plaza Maidan Nezalezhnosti –Plaza de la Independencia– junto a la calle principal de Kiev, la avenida de Khreshchatyk.

Ahí vi el primer edificio de estilo soviético que me encontraba por Ucrania, pues la arquitectura de Lviv es muy diferente y no construyen semejantes moles. Éste es el hotel Ukraina, terminado en 1961, fue en su día el primer rascacielos de Kiev.

Maidan significa en ucraniano „cuadrado“, buen nombre para una plaza. Se me ocurre que en inglés pasa lo mismo con “square”. Nezalezhnist (independencia) conmemora la independencia de Ucrania alcanzada en 1991 a raíz del colapso de la Unión Soviética.

Y en el centro de la plaza, el monumento a la Independencia, con el arcángel Miguel. Junto a él habían puesto un inmenso árbol de Navidad.

Revolución Naranja . Durante la Revolución Naranja de finales de 2004, Maidan Nezalezhnosti recibió cobertura mediática mundial, mientras cientos de miles de manifestantes se reunieron en la plaza y en calles cercanas. Levantaron tiendas de campaña durante varias semanas, soportando el frío y la nieve. Las protestas contra el fraude electoral dieron lugar a unas nuevas elecciones presidenciales ordenadas por la Corte Suprema de Ucrania, que fueron ganadas por el candidato de la oposición, Viktor Yushchenko. Después de la Revolución Naranja, Maidan Nezalezhnosti sigue atrayendo a los manifestantes políticos, pero en ningún caso se ha acercado a la magnitud de las protestas de la Revolución Naranja.

Ya con el frío helándome la nariz y los dedos de los pies, nos fuimos a ver el símbolo de Kiev, la catedral de Santa Sofía. Está situada en la plaza Bodgan Hmelninsky, en cuyo centro está la escultura que representa al caudillo ucraniano que dirigió la liberación del dominio polaco a mediados del siglo XVII.

La Iglesia de Santa Sofía, construída en 1037 tuvo como modelo la basílica de Santa Sofía de Constantinopla. A parte de seguir aquí el culto ortodoxo, también se coronaban reyes, se daban consejos de Estado y asambleas y fue la sede de la primera biblioteca del país (la foto con la que comienzo este post, con Ganesh posando). Además hay un impresionante campanario de 76 metros de altura.

Enfrente se encuentra el Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas, construida en 1760.

Delante había un cartel de „UEFA Eurocopa 2012 Ucrania“, pues este año se organizará el torneo en Polonia y Ucrania.

Como podéis ver en la foto, en Kiev hay semáforos que indican cuántos segundos quedan para que se ponga en rojo.

Desde aquí se ve el río Dniéper. Según me dijo Hanna, en una orilla se hablá más ruso y en la otra, ucraniano; lenguas que no se parecen tanto como pensaba.

Tomanos una especie de tranvía-teleférico para bajar la colina.

Cuando no podíamos más del frío, nos metimos en un bar a picar algo. Aquí estoy yo esperando a que me atiendan.

Me pedí una ensaladilla ucraniana –que no rusa- de las que tanto me gustan.
¿En serio que le llamáis ensaladilla rusa en Espana? Que sepas que es ucraniana, – me dijo Anna.
Le comenté que también decimos “Montaña rusa” y me contestó que en Ucrania y en Rusia se dice “Montaña Americana”. ¡Qué curioso!
Llegamos en tranvía al Lavra o Monasterio de las cuevas. Pagamos 20 UAH que son algo menos de 2€, sería el ticket más caro que pagaría en Ucrania.

Es un recinto espectacular de 28 ha. lleno de catedrales y museos en donde se pueden ver joyas antiquísimas –incluso del siglo I- y trajes regionales, libros, tesoros, cuadros, etc. No se pueden hacer fotos. También fuimos a unas galerías subterráneas que alberga monjes momificados. Forman dos laberintos de túneles subterráneos, celdas y catacumbas con capillas e iglesias y numerosos nichos que sirvieron de sepultura a los monjes. En término medio ambos laberintos tienen un ancho de 1,5 m y 2 m de altura. Dice Hanna que la llevaron de pequeña aquí y le dio mucho miedo. No me extraña, es un lugar poco iluminado lleno de muertos.

Descubrimos una plaza llena de cúpulas doradas en el suelo, estaban construyendo una nueva iglesia. En total hay diez, no está mal, para este lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Desde aquí, se puede llegar andando al complejo memorial de la Gran Guerra Patria de 10 ha. de extensión, visible por su gigantesca estatuta “La madre patria” construida por Yevgeny Vuchetich. Está a 62 metros de altura sobre el edificio del museo; en total 102 metros y 530 toneladas. La espada en la mano derecha de la estatua es de 16 m de largo y pesa 9 toneladas, además la mano izquierda sostiene un escudo de 13x8m con el símbolo de la Unión Soviética.

Ya habíamos alcanzado los -18°C aunque yo no lo sabía. No distingo -10 o -20°C, para mí el frío es frío.

A parte del museo en el pie de la estatua, el recinto contiene “El callejón de las Ciudades Heroicas” con esculturas que representan la defensa de la frontera soviética de la invasión nazi de 1941, los horrores de la ocupación nazi, la lucha de los partisanos y la batalla de 1943 en el Dniéper.

El museo(3UAH para estudiantes) no sólo alberga muchas fotografías y documentos de la ocupación nazi, sino que también expone muchos objetos como un avión militar estrellado, uniformes, o incluso unos guantes que hicieron los nazis con piel humana de prisioneros.

Hace un mes había visitado el campo de concentración de Buchenwald, que expone los utensilios con los que los Nazis fabricaban este tipo de prendas, pero ver el macabro resultado me impactó aún más.

La planta superior del museo es una sala enorme, el interior del pedestal de la estatua.

Como hacía una rasca de la leche, decidimos pasar unas horas en las galerías subterráneas a las que se accede a través del metro de Kiev. Hay muchísimas tiendas y restaurantes. Como si una parte de la ciudad se viviera bajo tierra.
Pero aquí no termina el día. Hanna me llevó primero al Mercado central, en el que se vendía todo tipo de alimentos como caviar, pescado o frutas y flores.

Enfrente de éste hay un museo de arte contémporaneo, la Pinchuk Art Gallery. Un político ucraniano compró este edificio y permite exponer a jóvenes artistas. La entrada es libre, pero hay que dejar la cámara de fotos en el diminuto vestíbulo.
Había obras muy buenas y otras muy locas, como en cualquier museo de arte contemporáneo. Pero algo que no se puede encontrar en cualquier otro es la sección Chernóbyl. Fotos artísticas de gente bajo enormes setas, como la forma de una bomba nuclear; cuadros al óleo de campesinas espantando aliens con una escoba entre sus animales de granja como cerdos y vacas –lo que supongo que quiere decir, que para la gente mayor que vivía en Chernobyl, la energía nuclear era algo desconocido, como los extraterrestres-; o incluso una videoinstalación en la que salía gente practicando sexo en las desiertas calles del lugar de la catástrofe vistiendo trajes metálicos antiradiación. ¡Qué pena no haber podido tomar fotografías!
Volvimos al hostal, ya hacía -20°C y me tenía que tapar la nariz con los guantes porque se me helaba, no sabía si tenía un carámbano de moco colgando porque directamente no la sentía. De vez en cuando, para entrar en calor, nos metíamos en tiendas de ropa. Me sorprendió que a pesar de que en Ucrania los sueldos son muy bajos, la ropa costaba lo mismo que en Espana.

Esa noche dormí muy bien, pues aunque había reservado una cama en una habitación para 16 personas, yo era la única huésped. Es lo que tiene viajar en temporada baja. Esta vez el dueño del hostel no intentó emborracharme.

Al día siguiente fuimos al mercadillo junto a la iglesia de San Andrés.

El tiempo era horrible: -20°C y viento con partículas de hielo. Observamos unos osados chavales grabando una escena en la plaza de Santa Sofía.

En el mercadillo había sobre todo gorros peludos, diversos productos soviéticos y las famosas muñecas matrioshkas. Eso sí, también fabrican las muñecas representando a Michael Jackson, Madonna o políticos varios ucranianos, especialmente la ministra Yulia Tymoshenko, con su conocido peinado de trenzas.

Me compré una camiseta de Che Burashka, una mezcla entre Mickey Mouse, el monigote de Matutano y Che Guevara. En realidad se trata de un dibujo animado ucraniano para niños.

Ya era hora de tomar un minibús a Mlyniv, el pueblo de Hanna. El pasajero de al lado –un hombre como de 50 años- comenzó a contarnos anécdotas, que supongo que se las inventaba, pero eran graciosas.

 

“El otro día un taxista me dijo que le tenía que pagar 14 UAH, yo llevaba 15, así que dio una vuelta adicional a un árbol para que el viaje costar 15UAH”.
Humor ucraniano, sí señor :)

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