Cómo cruzar la frontera de Venezuela con Colombia… y cómo no hacerlo


Confieso que estaba un poco nerviosa el día anterior a cruzar la frontera entre Venezuela y Colombia, pues había recibido tal variedad de información que no sabía si escogería la opción correcta. Estas líneas divisorias inventadas por el hombre, las fronteras, –que mira que somos tontos y nos gusta complicarnos la vida– son para mí uno de los peores inventos de la historia de la humanidad, después de la bomba atómica y hacer la cama. Ya son varias las fronteras terrestres por las que he pasado y me ha ocurrido en ellas de todo, desde que el empleado fronterizo estuviera más centrado en intentar acariciarme el brazo que en ver si llevaba fajos de droga en la maleta, hasta que me hicieran quitarme las gafas y recogerme el pelo para que me pareciera a la pringada que sale en la foto de mi pasaporte. Pero nada importante… aunque en esta ocasión, que un personaje me asegurara que es normal que por ahí secuestren turistas o que un conocido les hiciera cambiar el rumbo a sus huéspedes españoles, porque cruzarla en bici era lo peor de lo peor, me hacía imaginarme cosas muy malas. Lo que está claro es que tenía que atravesarla por mi cuenta y riesgo, puesto que no existen autobuses que hagan un trayecto de una ciudad venezolana a otra colombiana en el sur, ni aunque entre éstas sólo haya 20km de distancia. En el norte, por Maracaibo sí que disponen de buses que viajan a Cartagena, Santa Marta o Barranquilla, vía Maicao; pero como tenía que viajar hacia Bogotá, no contemplé esta opción.

Me comentaron en San Cristóbal, una ciudad venezolana a unos 40km de la frontera, que desde la terminal de autobuses salen unos coches destartalados cuyos conductores gritan para atraer clientes “¡Cúcuta, Cúcuta!”, que es la ciudad colombiana que hay al otro lado de la puñetera línea divisoria, y además cobran cuatro perras mal contadas. Pero esta opción no era seguro que pudiera aprovecharla cualquier día puesto que me encontraba en fechas navideñas y resulta que durante esta época, la gente se traslada como locos. Creo que durante esos días todos los venezolanos del mundo, hasta los que viven en Torrelodones, estaban pasando la frontera por Cúcuta.
Así que le hice caso a un nativo y llamé a un taxi para reservarlo a primera hora de la mañana, pero ningún trabajador de la compañía quiso realizar este servicio por lo inmediatamente antes comentado. Excepto uno, que aceptó llevarme, pero sólo sí le pagaba 30€ que es una pasta gansa por estos lares. Y acepté.
Cuando me vino a recoger al hostal, hacia las siete de la mañana, me pidió que le pagara por adelantado… 40€.

—¿Pero no habíamos quedado en que eran 30?
—Ay, sí.
—Empezamos bien…

Las vistas durante las montañas por las que pasábamos impresionaban hasta al más insensible pero no pude evitar recostarme en el asiento trasero para echarme una cabezadita. Llevábamos ya una hora de trayecto y a tenor de la kilométrica fila de coches en la que nos habíamos estancado, el viaje no había hecho más que empezar. Y entre esta tesitura, caí dormida hasta que… hasta que… ¡coño, un cartel de “Bienvenido a Colombia”! Me tuve que dirigir a mi querido taxista, esa persona de la que no sé nada en absoluto ni me importa pero en el que había confiado mi vida.

—Perdone, ¿no me van a pedir el pasaporte?
—No, qué cosas, ¿por?
—A ver, digo yo que me tienen que sellar el pasaporte para entrar al país.
—No… no hace falta, ya estamos en Colombia.
—Pero a ver, tengo que tomar un vuelo a Cúcuta, ¿no será necesario que conste en mi pasaporte mi incursión de manera legal a Colombia? (seguramente no utilicé estas palabas, sino unas del nivel 1 del cuaderno de vocabulario para extranjeros Spanish Olé).
—Pues ya no pienso volver atrás, con lo que nos ha costado pasar.

Y como yo sabía que sus argumentos no tenían ni pies ni cabeza, pero en el fondo quería creerle (y porque me acaba de despertar y estaba oligofrénica, las cosas como son), accedí a continuar hacia adelante.

Puente del canal

La foto ha sido sacada de Wikipedia y ese día, por lo visto, no debía ser Navidad

Quedaban dos días para que mi vuelo Cúcuta-Bogotá despegara y en un hotel entre latas de Club Colombia, un huésped me comentó que como no me sellaran el pasaporte no iba a poder salir de Cúcuta ni en patera.

—¿Y no me lo pueden sellar en el aeropuerto?
—No, tienes que acudir a la frontera otra vez.
—Pero nos costó horas pasar por ahí, antes prefiero tener que tragarme El chavo del ocho entero, con los extras incluidos.
—No te queda otra, si no no te dejarán subir al avión.
—¿Entonces cómo es que he entrado al país?
—Permiten pasar a colombia sin documentación mientras no te vayas más lejos de Cúcuta, de hecho, a los cucuteños les permiten elegir entre las dos nacionalidades: la colombiana o la venezolana.
—Vaya con el taxista, que gran hijo de la****.
—Totalmente de acuerdo.

Me fui a dormir con el shock de haberme enterado de que estaba de manera ilegal en Colombia y me puse una nota mental para el día siguiente tan grande que ésta me haría levantarme de un respingo a las seis de la mañana diciendo “¡Tengo que volver a la frontera pero ya, YA, AHORAAAAAAA! Bueno, primero me tomo un café, que está muy rico.”
El taxista de confianza del hotel me llevó a hacer la gestión, vaya angelito de hombre, me dio ganas de llevármelo a casa. Para evitar la fila de coches, se metió por unas callejuelas, embarró el coche bajo un puente y aparecimos en un aparcamiento del que había que ir caminando hasta el puesto fronterizo que certifica que has salido de Venezuela, me dijo que ése era el atajo que tomaba siempre. En este trayecto se pueden tomar moto-taxis pero nosotros fuimos caminando. Me hicieron pagar unos bolívares, pero no muchos, lo equivalente a 2€. Desandamos lo andado y junto al aparcamiento, el angelito me dejó en el puesto fronterizo de la parte colombiana. Lejos de dar miedo, éste estaba repleto de decoración navideña realizada por niños. Otra vez más no concibieron que estuviera viajando en solitario y me preguntaron si aquel era mi hijo. Me di la vuelta y vi un señor con su hijo negro (clavadito a mí, oye) y respondí que no, que yo no había venido acompañada.
Y listo, ni me interrogaron, ni me registraron, ni vi indicios de que secuestraran rubias. Una frontera normal… muy caótica, pero normal.

Cucuta, Colombia

Pero aquí  no termina la historia con este dichoso punto geográfico. Tras haberme recorrido Colombia de cabo a rabo, tuve que volver por la misma frontera por Cúcuta puesto que mi viaje había sido planeado de manera capicúa: Venezuela – Colombia – Venezuela.
En el aeropuerto de Cúcuta secuestré a un chico que tenía que hacer el mismo trayecto que yo, para abaratar costes más que nada. Así tomamos un taxi (que nos cobró menos de la mitad de lo que le di al destalentado de mi primera experiencia) y nos llevó a sellar el pasaporte, COMO ES HABITUAL EN UNA FRONTERA. El puesto fronterizo venezolano estaba cerrado, ¿y ahora qué? El taxista, que estará ya hasta las arepas de realizar el mismo recorrido, nos llevó a un local en una callejuela de la población de San Antonio de Táchira, en el que estampan los sellos de entrada al país. Os aseguro que este local no está ni mucho menos cerca de la frontera y que jamás se me hubiera ocurrido llegar ahí. Aquí reclutamos a otra persona, para abaratar costes también y seguir viajando hacia San Cristóbal en donde cada uno de los tres pasajeros se tomaría su bus correspondiente: uno a Caracas, otro a Barquisimeto y yo a Mérida. Pero a mis tres compañeros de viaje, contando al taxista les entró hambre y decidieron hacer un descanso de media hora para cenar, un tiempo crucial para mí; tanto, que llegamos a la estación exactamente media hora después de que saliera el último bus a Mérida. El cómo me las apañé es otra historia, además no tiene nada que ver con el título del post y eso sería andarme por las ramas.

Hagamos un resumen de lo aprendido:

-Regatea el precio del trayecto en taxi al inicio.
-No hagas caso a la gente que te diga que ahí están todo el día secuestrando guiris o robándoles el equipaje, no es verdad, al menos no hoy en día.
-Oblígale al conductor a parar en la frontera para sellar el pasaporte, diga lo que te diga. Esto no es algo obvio y por lo visto hay que decirlo.
-No te duermas pues puede que no estés consciente en el momento oportuno para efectuar el punto anterior.

En mi próximo viaje tendré que cruzar tres líneas cojoneras:
-Perú-Bolivia, Bolivia-Chile y Chile-Perú. Además me han dicho que al entrar al Machu Picchu nos pondrán un sello muy cuco en el pasaporte, siempre y cuando no nos colemos, que vamos con el presupuesto de un concursante de Pekín Express y no están las cosas para lujos. Si alguien de la sala nos quiere patrocinar, aunque sea con bocadillos de atún, nosotras encantadas. Pero volviendo a la situación, no puedo terminar de otra manera sino saludando al staff del Hotel Villa Real de Cúcuta (perro incluido, que hacía muy bien su labor de traer los periódicos y espantar a los gatos), que a pesar de pronunciar palabras ininteligibles como ‘tripadvisor’ o ‘wikipedia’ y haber manifestado mi ateísmo al no pararme a contemplar el precioso Belén que habían montado, me trataron con todo el cariño del mundo y quizá también con un poco de sobreprotección. Porque Cúcuta será una ciudad ruidosa, fea y peligrosa, pero tiene unos habitantes con un corazón que no les cabe dentro.


Hotel Viyareal cucuta

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25 comentarios

  • Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Confieso que estaba un poco nerviosa el día anterior a cruzar la frontera entre Venezuela y Colombia, pues había recibido tal variedad de información que no sabía si escogería la opción correcta. Estas líneas divisorias inven…..

  • Carmen dice:

    Ahora sí me ha dejado leerlo, ¡le ha costado!

    Me he reído un rato con la historia, y me ha recordado un suceso parecido que me ocurrió a mi en la frontera de Argentina con Bolivia… sólo que yo me la salté porque me dio la gana :P . A la salida, multazo y casi retención del pasaporte. ¡Hay que tener mucho cuidado con las fronteras en sudamérica! E imagino que en una como la de Venezuela-Colombia, todavía más. Muy buenos los consejos para quien vaya detrás, las obviedades a veces no lo son tanto.

    ¿Y que es eso del viaje Perú-Bolivia-Chile?

    Un abrazo!

  • ¡Pero qué bien escribes, jodía!

    Me he reído mucho con la experiencia,está descrita fenomenalmente, y me encanta las píldoras de humor negro e ironía (tanto las que escondes entre paréntesis como las que no).

    Tantas y tantas historias viajeras gracias a las dichosas fronteras…

    ¡Que os vaya bonito!

  • Babyboom dice:

    Buf, qué experiencia con lo de la frontera!!! Está bien saber lo del sello, hace poco tuvimos que cruzar la frontera de Costa Rica a Panamá y estuvimos a punto de irnos sin el sello de la gente que había pero al final un hombre nos dijo que lo necesitábamos y no nos quedó otra que esperar. Menudo piratilla el taxista del primer día!!!! Un abrazo. ;-)

  • Gracias por la historia, Inés. No sólo ha sido muy divertido leerla, si no que creo puede ser muy útil para los que tengan que experimentar algo parecido. Está claro que, aunque sea tentador no parar en la frontera, a la larga es recomendable tener los papeles en regla. Es un coñazo, pero es necesario.

    ¿Contarás otro día la historia del autobús perdido a Mérida?

    Un abrazo

    Manuel Bustabad

  • Inés dice:

    Carmen, vaya tela con lo de tu multa, espero que no nos ocurra, que despistada soy un rato.Vamos a hacer un recorrido en marzo por Perú y Bolivia y al pasar de Uyuni a Arequipa haremos un stop en Arica (costa de Chile) no para ver chilenos en traje de baño, cosa que no me molesta en absoluto, sino para que no se nos haga tan largo el viaje. Así que al final serán tres fronteras.
    Saludos, maja!

    Antonio, estas cosas hay que tomárselas con humor. Que me podría haber quedado tirada en el aeropuerto? Pues sí, pero bueno… no, va a ser que a eso le veo pocas ventajas. Las fronteras, y tú lo sabes muuuuy bien, dan mucho juego en el anecdotario viajero. Besicos, majo!

    Babyboom, bueno, al menos os lo dijeron. Lo de tener que esperar en el sur de América es algo casi inherente a viajar por aquí. Paciencia y buenos alimentos. Un saludo!

    Manuel, eso es, tener claro que digan lo que te digan, el sello es imprescindible. Pues esa historia la tendría que haber metido en el post dedicado a San cristobal o en el de Mérida pero no lo he hecho porque una tiene una reputación que cuidar, aunque la mía ya la haya arruinado en 3º de Kindergarten. Muchas gracias por tus palabras ;)

  • xixerone dice:

    “Creo que durante esos días todos los venezolanos del mundo, hasta los que viven en Torrelodones, estaban pasando la frontera por Cúcuta.”

    Creo que son más bien los colombianos que viven en Venezuela volviendo a casa por navidad…

  • xixerone dice:

    Pero muy buen post… como siempre! un besazo

  • Inés dice:

    Gracias Luis, tienes razón. Una que discurre poco las cosas… :p

  • Judith dice:

    Desde luego ahora es para reirse, esa frontera no era díficil cruzarla per tiene su miga. Hasta la fecha la más complicada que me he encontrado es la estación de Midi para subir al eurostar en dirección a Londres, scanner, control pasaparte belga y control pasaporte británico, aunque un poco coñazo más que nada :)

  • Dany dice:

    Inés me he reído un montón con la historia jejeje! Gracias por los consejos, si me veo en una de esas me intentaré mantener despierto… menudo jeta el taxista.
    Un abrazo!

  • 06223588896917824567 dice:

    Las fronteras separan pueblos, algunos países ponen trabas de entrada a los turistas, en otros es más sencillo entrar, algo que cuesta entender, en fin, muy buen artículo Inés, un abrazo.

  • Paco Sales dice:

    Vaya experiencia la vivida, la describes de una manera genial, un verdadero placer visitarte e ir aprendiendo tantas cosas. Recibe un gran abrazo

  • Caballero dice:

    Dices que la frontera entre Colombia y Venezuela es normal aunque caótica, mejor así porque hace unos años era bastante conflictiva y a menudo se cerraban los pasos alegando motivos de seguridad debido a los atentados.
    La página colombiana Noticias 24 decía hace dos años que “Colombia y Venezuela comparten una frontera terrestre de 2.219Km en la que tienen presencia guerrilleros izquierdistas, paramilitares de ultraderecha, narcotraficantes y contrabandistas”.
    Como dice Judith es una frontera que tiene miga.

  • Gracias por la información…y como no, por la forma de relatarlo todo.

  • Judith, esa lo que debe ser es un coñazo. No me quiero imaginar la entrada a EEUU apellidándome Fernández :p, al final es tener paciencia. Paciencia y visados.

    Dany, me alegra que te hayas reído, no especificas si de mí o de la historia pero da lo mismo, lo importante es reírse.

    06225mogollóndeneumerajos, como separación política de pueblos está bien, lo que nunca me ha gustado es que algunas sea complicado atravesarlas. Díselo a las tribus nómadas africanas que no se sentían de ningún país y de repente les pusieron unas barreras tremendas en el recorrido anual que llevaban realizando siglo tras siglo.

    Paco, un placer tenerte como lector fiel, eres de los pocos que se quedan,muchas gracias!

    Caballero, lo que intento explicar en este post, además de mi retraso mental latente, es que el paso fronterizo San Antonio de Táchira/ Cúcuta no es peligroso actualmente. Colombia está realizando esfuerzos tremendos por mejorar su seguridad y en Europa parece que aún no nos hemos enterado de ello. Un saludo!

    Pedro, gracias a ti por haber dedicado unos minutos de tu vida a leerme. Un abrazo!

  • bleid dice:

    Me encantan las fronteras
    soy un apasionado de cruzar este tipo de puestos fronterizos que te muestran lo mejor y peor de cada pais y un lugar donde el comercio es el rey

    gran entrada

    abrazos

  • Desde luego menuda odisea, mucho se habla del control en USA, pero el descontrol que hay por allí es demencial, de tantas veces que pasaste por el puesto fronterizo un poco más y te ofrecen un trabajo xDDD

    La verdad que muchos países se llevan la fama de peligrosos porque haya ocurrido algún que otro incidente, muchos de ellos en el pasado y luego una vez allí te das cuenta que es más la fama que otra cosa.

    Un saludo!!!

  • Alfonso dice:

    Pues no muy tarde estaré por Colombia … -por una boda- … y me gustaría “saltar” por varios países de alrededor poer vamos, creo que la forma más lógica es cruzar entre aeropuertos no?, en avión vaya.

    Un saludo y gracias por compartir.
    Alfonso – http://www.thewotme.com -

  • xipo dice:

    Hola Inés!!

    No había tenido tiempo de comentar… Guauu increíble historia y bueno, muy práctica para los que te leemos, y que aspiramos algún día a hacer algo parecido a esto.
    Por cierto..me encontré con algun seguidor tuyo en la gala de los premios20blogs!! Ya te contaré!!
    Un beso!

  • Jay dice:

    Mala idea ir a Cúcuta esta semana, sellar el pasaporte el viernes fue una tormenta porque las calles de San Antonio estaban cerradas por el inicio del Carnaval de la Frontera! Lo del Belén, aunque las ovejas sean más grandes que los pastores la gente quiere oir “Ay! qué lindo pesebre!”

  • mario fernando bravo dice:

    tengo seis meses en venezuela trabajando me va muy bien pero no tengo sello en el pasaporte el mismo es internacional…y tengo el pasado judicial estoy residenciado en el barrio sant.rosa c.campo elia n.120.b.parroq.andres eloy blanco municipio giraldot maracay edo.aragua no tengo correo mi telf.02435513750 ¡¡

    ¡

  • mario fernando bravo dice:

    tengo seis meses en venezl trabajando me va muy bien tengo pasaporte internacional pero no esta sellado q.hago dond devo ir y tambien tengo cedula colombiana y el pasado judicial quisiera radicarme aqui en venez pero tengo miedo q extraditen ayudme por fav.buen dia q .dios me los guarde amen …. yo vivo en maracay edo.aragua en el barrio sant.rosa c.campo elias n.120.b parroq.andres eloy blanco n.telf.02435513750

  • Blog de Banderas dice:

    Hola. Soy colombiano y de hecho nací en Cúcuta.mtengomque confesar que me dio mucha risa leer tu post. Ahora, conociendo el lugar, te tengo varios comentarios:
    1. Te mintieron en cierta forma. El paso es libre y nunca te van a molestar por entrar y salir, pero si quieres salir de la zona fronteriza sí debes sellar el pasaporte. Como dato para los que lean el blog, lo puedes hacer en la callecita perdida en la mitad de la nada en San Antonio o en el aeropuerto de San Antonio que está bastante cerca de la ciudad y nunca hay fila. La entrada a Colombia también la puedes hacer en la frontera o en el aeropuerto de Cúcuta. Están las 2 opciones en los 2 lados de la frontera.
    2. En Sudamérica pocas veces te molestarán en una frontera, quiere decir que el paso generalmente es libre, lo único que tienes que tener presente es que NUNCA te puedes ir sin sellar el pasaporte. Las multas por no sellarlo son bastante caras.

    Saludos y un abrazo desde Bogotá.

  • nestor dice:

    nunca me haba reido tanto escuchando una historia de mi amada frontera,.. ajjaj bueno lo q pasa es q nosotros los colombianos que no tenemos nacinalidad venezolana (somos muy pocos) nos bajamos del carro en san antonio sellamos la salida en el “local de la callejuela” jajaja y luego venimos a pie hasta el DAS Colombia (cruzamos el puente) y luego cualquier carrito nos baja hasta cucuta por 2mil pesos ( 0,75euros), (la frontera mas activa de suramerica); jamas ponemos a parar el carro por q la mayoria de persona tiene ambas naccionalidades como ya te dije, y ps es ponerlos a perder tempo aunque uno siempre pregunta y si hay mayoria con pasaporte ps ahi el carro si se detiene a esperarte, saludos y vuelve a cucuta ¡¡¡¡¡ es encantadora…

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