Perú

Paracas y las Islas Ballestas II, PERÚ

 

Leones marinos en las islas Ballestas

Como os conté en “Paracas y las Islas Ballestas I, PERÚ”, nos encontramos en una reserva nacional desértica en la que hay puntos en los que podemos dar una vuelta sobre nuestro eje y no ver nada más que dunas hasta el infinito. Por eso quizá sorprende aún más que a unos pocos kilómetros de Paracas se encuentren las Islas Ballestas, unas Islas que albergan multitud de animales, desde grandes leones marinos hasta el sorprendente sol de mar, pasando por los pingüinos Humboldt; la única especie de pingüinos peruana.

Islas Ballestas

Para alcanzar estas islas situadas en el Océano Pacífico, se pueden comprar boletos en las agencias de viajes de Paracas por unos 30 soles. El circuito dura dos horas: media hora para ir, media hora para volver, y una para observar a los animales. No se llega a desembarcar en las Islas Ballestas para no alterar su ecosistema, lo cual espero que no cambie, pues son muchos los turistas que realizan estos tours por “Las Galápagos de los pobres”. La lancha en la que se viaja es descubierta, por lo que no hay problemas para fotografiar o grabar en vídeo la impresionante fauna del lugar, además un guía explica lo que se está viendo en inglés, francés y en español. Es la única manera de llegar hasta aquí, por eso quizá también sorprenda que no hayan inflado los precios a diferencia de otros lugares turísticos de Perú. Merece la pena verlo. Sin duda, la excursión a esta zona es una experiencia inolvidable. Eso sí, llevad suficiente espacio en las tarjetas de memoria, la batería de la cámara a tope, gafas de sol y algo de abrigo, pues mientras está la lancha en movimiento, el aire es muy fuerte.

Puerto de Paracas

La primera parada fue para observar El Candelabro, un misterioso geoglifo con forma de tridente. Esta enorme figura grabada en las colinas mide más de 150m de altura y 50m de ancho y está grabado en roca color ocre, pero mayoritariamente tapado con arena. Ésta nunca llega a borrar por completo el candelabro debido a los vientos que siempre están quitando el exceso de arena de los canales. Como suele ocurrir, no se conoce quién la hizo, ni cuándo ni para qué, lo que da  pie a muchas teorías igualmente válidas. Algunos lo relacionan con las líneas de Nazca que se encuentran bastante próximas y otros proponen que los antiguos marineros lo utilizaban como guía de navegación.

El Candelabro, geoglifo con forma de tridente

Luego hay otras teorías más estrambóticas, como la de los defensores del creacionismo alienígena. Aseguran que es obra de alienígenas, pues el Candelabro apunta directamente a las famosas líneas de Nazca, las que igualmente solo pueden apreciarse desde el aire, ya que son señales de un gigantesco galaxpuerto para naves extraterrestres. Otra creencia es la de que esta figura señalaría la existencia de algún tesoro escondido por los piratas que asolaron las costas americanas en busca del apreciado oro que los conquistadores se llevaban a Europa, pero los que no están de acuerdo con esta teoría sostienen que los piratas eran seres burdos y que no harían semejante maravilla.
Aunque la hipótesis de que el candelabro no sea más que una señal de navegación suene como la más convincente, el investigador suizo Erich von Däniken la desmonta:
“…¿por qué se iba a construir una marca que no podía ser vista en absoluto por las embarcaciones que llegaran tanto del Norte como del Sur? ¿Y por qué crear una señal de navegación que mira hacia el cielo? Además, aparte un desierto de arena, no hay allí nada, absolutamente nada, que pueda atraer a un marino, y, por otra parte, la escasa profundidad de las aguas debió impedir también, ya en épocas primitivas, que las naves se acercaran a la costa.”
Así que de momento no existe ninguna explicación oficial al misterioso candelabro.

Paisaje de Paracas

Seguimos navegando para, ahora sí, contemplar el espectáculo de fauna de las Islas Ballestas. Pero no hizo falta esperar a alcanzarlas para verlos; por el camino pudimos observar medusas del tamaño de una persona que representaban diferentes colores aunque con unos garabatos en su sombrero que recordaban a los kanjis. Eran las hermanas mayores de las que habíamos visto el día anterior en la playa La Mina, y pensar que nos pudiera haber aparecido un bicho de estos…
Y por fin nos adentramos en las ballestas con el ruido de los diferentes pájaros y un olor algo desagradable, se trata del guano. Durante milenios, las colonias de aves han ido depositando excrementos que son ricos en nitrógeno. Incluso hay zonas que han llegado a los 50m de espesor. Desde antes de los incas, el guano se ha considerado como un gran fertilizante, pero a pocos se les ocurrió que estas cagadas se convertirían en la principal exportación de Perú a mediados del siglo XIX y que se transportarían toneladas en barco a Europa y a otras zonas de América. De hecho, el comercio era tan valioso que España se involucró en la Guerra del Guano en 1865 por el control de las cercas islas Chincha. Al final, la sobrexplotación causó estragos y ahora se intenta dejar a las aves en pez, a excepción de una extracción de guano cada tres años.

Pingüinos tirándose

La abundante vida que existe en la bahía de Paracas y las islas se hace posible gracias a las corrientes frías de Humboldt, que dan nombre al pingüino Humboldt en peligro de extinción. Se le puede ver con su típico balanceo por las islas. Un “¡Oooooh!” general se escuchó en la lancha cuando pudimos presenciar la típica escena de pingüinos titubeando a la hora de lanzarse al agua, primero uno, y luego los demás. Más tarde aprendería que se trata de un acto puramente egoísta de estos animales.
Los pingüinos necesitan cazar peces para alimentarse, pero en ocasiones puede que haya un depredador en el agua esperándoles. A menudo el ejemplar más hambriento se lanza al mar bajo la observación de sus compañeros que sólo le imitarán en caso de que el pingüino esté a salvo. Pero en ocasiones ocurre que no hay ningún pájaro bobo que quiera tirarse al agua en esos momentos, por lo que uno acaba siendo empujado por otro.  Ley de vida.

Las Islas Ballestas

Atravesamos arcos y cuevas viendo aves de muchos tipos que revoloteaban a nuestro paso o simplemente nos ignoraban como cormoranes, pelícanos, piqueros o zarcillos (mis favoritos).

Y por supuesto, el rey de las islas, los leones marinos.  Algunos echaban la siesta tan ricamente y otros hacían monerías para el deleite de los que no soltábamos la cámara. Lo bueno es que entre los meses de diciembre y febrero nacen las crías y nosotras llegamos en marzo. Durante este tiempo miles de estos animales se congregan en colonias. Estas agrupaciones se dan en playas rocosas de islas cercanas al continente, por eso las Ballestas son el lugar ideal para ver los leones marinos en sus primeros meses de vida.

Leon marino de las islas Ballestas

Los leones, con su harén de doce hembras, se tienden en la costa o en las rocas y se dan un chapuzón de vez en cuando. Recuerda a una playa típica de personas. Impresiona escuchar cómo rugen todos al mismo tiempo.

Cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo puesto que navegábamos cerca del puerto de Paracas, un grupo de delfines se acercaros a poner el punto y final al viaje. Tuvimos suerte, pues no es muy habitual verlos por esta zona.
Si quieres ver más fotografías que tomé  en las Islas Ballestas, hac click aquí.

delfines de perú 

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