Países Bajos

Kinderdijk y Maaslantkering: Molinos, Pólders y diques.

“God schiep de Aarde, maar de Nederlanders schiepen Nederland”

O sea: “Dios creo la tierra pero los holandeses creamos los Países Bajos”. Desde hace más de mil años los holandeses se han esforzado por construir una serie de sistemas hidráulicos para mantener artificialmente seca una tierra que, si no fuera por su determinación, estaría sumergida en un cuarenta por ciento bajo las aguas del delta del Rin y del Mar del Norte a partes iguales. De hecho el punto mas bajo de Holanda, cercano a la ciudad de Rotterdam, se encuentra casi siete metros por debajo del nivel del mar. Para ellos, la lucha contra el agua es un asunto de seguridad nacional. Literalmente.

Hoy, especialmente la provincia de Zuid-Holland, el sur de Holanda, es una mezcla del genio y de la fatalidad humana. Un hermoso complejo de canales y bonitas casas familiares. Las bicicletas superan ampliamente a los automóviles y pocos edificios superan una veintena de metros de altura. Son pequeñas ciudades de ladrillos rojos, jardines elegantes y amplios ventanales que esconden un bestial queso gruyere bajo el subsuelo.

Hartos de los desbordamientos del Rin y de ver sus viviendas y tierras de cultivo bajo las aguas, los holandeses comenzaron hace un milenio a construir series de diques y estaciones de bombeo que devolvían el agua a los ríos originales, manteniendo “a flote” sus campos y sus pastos. Se construían molinos de agua para extraer el exceso de líquido hacia canales excavados por la mano del hombre, y al final, compuertas para expulsar el agua innecesaria hacia los afluentes del Rin. Lo que no intuían los abnegados campesinos holandeses es que al desecar grandes terrenos para uso humano, la tierra se comportaba como una esponja. Se comenzaron a dar cuenta en el siglo XIV al comenzar a realizar grandes construcciones como la catedral de Delft. Al perder la tierra la rigidez  por la enorme cantidad de subsuelo deshidratado, el terreno se comenzó a hundir por su propio peso, rellenando los huecos dejados por el agua extraída y provocando un problema estructural a amplias zonas del país de los tulipanes. Se les empezaron a inclinar los edificios, vamos.

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Dos de los casos más hermosos y complejos distan entre sí doscientos cincuenta años. Uno, Kinderdijk, es patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Una hermosa extensión de terreno ganada al río Noord y al Lek, salpicada de molinos que durante siglos se han dedicado a devolverle a estos el agua sobrante de los pólders. El otro es un enorme dique móvil, el Maaslantkering, una de las siete maravillas de la ingeniería moderna. Una barrera que en caso de tormenta extrema serviría para cerrar el canal construido en la desembocadura del Rin, impidiendo que las aguas del Mar del Norte penetraran en el puerto de Rotterdam y en la propia ciudad, causando un desastre que tiene precedentes.

KINDERDIJK,  “EL DIQUE DE LOS NIÑOS”.

El nombre es muy sugerente. Cuenta la leyenda que en 1421,  después de una serie de fuertes desbordamientos del río Lek, los granjeros se vieron obligados a abandonar a toda prisa sus granjas. Al retornar a ellas y encontrarse sus tierras anegadas, un campesino encontró un barril flotando. Sobre él correteaba un gato en equilibrio tratando de mantenerlo a flote. Al abrirlo, encontraron a un recién nacido completamente seco y durmiendo plácidamente. El nuevo dique que se construiría para mantener las tierras a salvo recibiría este hermoso nombre en honor al pequeño dentro del tonel flotante. No se conoce el premio que recibió el gato funambulista.

La realidad, sin embargo parece bastante distinta. El dique de los niños, seguramente recibió tal nombre porque desde pequeños, cientos de niños fueron obligados a trabajar en el nuevo dique y en los canales para proteger la región del Alblasserwaard de futuras inundaciones. Se cavaba rodilla en tierra, con las manos y pequeñas palas de madera. Lo del gato molaba más.


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Kinderdijk es la típica estampa Holandesa. Es patrimonio de la humanidad no sólo por su belleza sino por el ingenio demostrado en su construcción. El sistema es sencillo. Durante el siglo XV fueron excavados dos grandes canales en el centro de la región donde volcar el agua sobrante. Cuando el nivel de los canales era mayor que el río, normalmente durante la estación seca, se abrían las compuertas del dique y el agua sobrante fluía libremente hacia el Noord y el Lek. Con el paso de los años, los habitantes se dieron cuenta de que sus tierras se hundían progresivamente y que ya no era tan sencillo librarse del agua restante. Entre 1738 y 1740 se construyeron más de 150 molinos de agua en la región que, propulsados por la fuerza del viento, bombeaban el agua desde los canales más pequeños, hundidos casi un metro por debajo del nivel de los ríos, hacia los dos principales canales. Los molineros se avisaban entre ellos mediante señales para comenzar el bombeo cuando llovía o el nivel de los canales comenzaba a ser demasiado alto. En general esto sucedía unas dos veces al día durante la estación de lluvias. De esos molinos, quedan hoy cuarenta y ocho en pie, diecinueve de ellos en los alrededores de Kinderdijk. Es el punto del mundo con mayor concentración de estos edificios.

Es un sitio muy agradable para pasear, montar en bici o alquilar una pequeña barca. Si el día es bueno, el verde del campo y el azul del cielo y el agua se mezclan con el color de las flores. La afluencia turística es baja y lo más normal es ver parejas o familias  holandesas haciendo un picnic o algo de deporte. Mientras, los molinos, esperan mejores momentos para volver a trabajar. Todos ellos siguen en funcionamiento y se prueban cada cierto tiempo. Quizá ese momento no tarde mucho en llegar. Los informes más pesimistas dicen que si el hundimiento del suelo continúa y no se toman más medidas pronto, el área de Kinderdijk podría volver a estar bajo el agua en menos de cincuenta años.

MAASLANTKERING,  LA BARRERA DE LA TORMENTA.

En los años cincuenta, Holanda era un país empobrecido y en fase de reconstrucción. Después de los bombardeos alemanes de 1940 y 1943, especialmente crueles en la ciudad de Rotterdam (reducida prácticamente a cascotes), el país necesitaba urgentemente reparaciones en la mayoría de sus infraestructuras, incluyendo refuerzos en prácticamente todas las defensas contra el agua.

La noche del 31 de enero de 1953 la tragedia se cebó con el sur del país. La combinación de la fuerte marea invernal y una tormenta especialmente fuerte  azotó súbitamente la costa Neerlandesa. Los diques, en mal estado, se mostraron inútiles para contener la acometida del mar y el agua penetró casi sesenta kilómetros en determinadas zonas, inundando incluso partes de Bélgica. Aproximadamente dos mil personas murieron y más de setenta mil tuvieron que ser evacuadas. Diez mil casas fueron destruidas por la fuerza del mar. El 9% de las tierras de cultivo de Holanda quedarían arruinadas por el agua salada durante los siguientes veinte años.

Había que tomar cartas en el asunto y el gobierno holandés no se lo pensó dos veces. Se creó la “comisión del delta”, encargada de analizar la tragedia y proponer medidas para evitar situaciones similares. La decisión final fue reforzar todos los diques y cerrar las bocas del estuario del Rin, el Meuse y el Scheldt sin perjudicar al puerto de Rotterdam, en su momento el más importante del mundo. El dique móvil, El Maaslantkering, la obra cumbre, fue inaugurado en 1997. Así se concluían “los trabajos del delta”.


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Imagina dos estructuras del tamaño de la torre Eiffel con una enorme barrera de veintiún metros en su base. Cada uno de los brazos que sostienen estas barreras tiene más de trescientos metros de longitud. Están fabricados en acero reforzado y  destinados a soportar un empuje de hasta cincuenta mil toneladas de agua. Mediante un gigantesco cabezal rotatorio, estas dos estructuras se levantan ligeramente en el aire, girando sobre sí mismas hasta cerrarse sobre el canal. Una vez hecho esto, las barreras, selladas entre sí, comienzan a llenarse de agua, hundiéndose poco a poco hasta asentarse a diecisiete metros de profundidad. Sólo sobresalen cuatro metros sobre el nivel del canal. Este proceso tarda unas dos horas. Es complicado describir con palabras pero este vídeo lo explica mucho mejor:

Es fascinante visitar la estructura y debe serlo mucho más en Septiembre. Si tienes la suerte de estar por Holanda en esas fechas, se puede ver el funcionamiento. Cientos de familias de todo el país naranja se juntan en las orillas del canal para ver como la gigantesca estructura de acero se pone en funcionamiento para ser probada. El Maaslantkering se testea una vez al año antes de que comience el invierno y con él, la estación de lluvias. Esta completamente informatizado y sólo se pondría en funcionamiento si las previsiones meteorológicas  indican que el nivel del agua va a subir hasta los tres metros. Desde su construcción sólo ha tenido que ser utilizado una vez: en Noviembre del 2007.

Debo agradecer a easyjet y a la oficina de turismo de Holanda la ayuda prestada para visitar estos dos lugares que no conocía salvo en fotos o videos.  Me parecen dos sitios que  merecen de una visita, ya sea por el placer de pasear como por la curiosidad que provoca el conocer cómo los neerlandeses se enfrentan a un problema que no es tan obvio para nosotros, pero con el que ellos conviven día tras día.

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