Tras pasar por la bella Iasi, emprendí un viaje a través de la cordillera de los Cárpatos para llegar a Targu Mures. El camino estuvo lleno de curvas y servidora se mareó un poco. Pero no importa, el siguiente trayecto no iba a transcurrir por una carretera enrevesada, no. Es lo que tiene el teletransporte: te desintegras (tú y tu maleta) y en un santiamén te encuentras en otro lugar del mundo. Lo malo es que puede haber un porcentaje residual de partículas que no se reubiquen en su lugar original una vez llegado al destino. ¿Os imagináis una compañía de bajo coste que ofrezca un servicio de teleportación? Todo se andará. Habrá conversaciones de este tipo en el respectivo mostrador de información y reclamaciones.

