Inés .
27 de julio de 2011
El último día del viaje por el oeste de Irlanda no nos engañó amaneciendo con un sol radiante sino que nos dio unos grises buenos días. La lluvia permanecería durante todo el día: algunos ratos solo notaríamos un leve sirimiri y otras veces caería agua como si ésta fuera infinita. Por eso esta vez no me olvidé ni del paraguas ni del chubasquero y salí a disfrutar del último tramo del recorrido en el que visitaríamos Lisdoonvarna, los acantilados de Moher y la costa atlántica para hacer surf, deporte que no requiere que haga buen tiempo para practicarlo.
Inés .
8 de julio de 2011
Me desperté en Irlanda con la luz del sol y pensé que algo así no lo taparía ninguna nube.
Error. Cuando estás en este país has de llevar siempre un chubasquero o un paraguas contigo pues el tiempo puede cambiar varias veces durante el día. Lo bueno es que los venden por todas partes que te salvarán si eres de los que como yo, confían en la estabilidad climática cuando se levantan de buen humor. Pero Irlanda es así y hay que quererla pese a la lluvia, porque si no, no sería ella.
Inés .
29 de junio de 2011
Tréboles, patatas, arpas, duendes (leprechauns), Guinness, ceilidh, gaitas, pubs, James Joyce, colinas verdes… todo esto es sólo el comienzo de la singularidad de Irlanda. El carácter mítico del paisaje, su historia casi palpable y un largo periodo de estabilización han hecho que la confianza y la vitalidad arraiguen por fin en este país. No obstante, ha sabido mantenerse intacto uno de los elementos más atractivos de Irlanda: el carácter y la hospitalidad de sus gentes, que harán que tras tu visita, ya no consigas olvidarla.
Inés .
18 de junio de 2011
Como habréis visto, organicé un miniconcurso “¿A dónde va Inés?” en el que había que adivinar cuál sería mi siguiente destino a partir de unas pistas. Los que acertaran se llevarían bonos de 75€ en alojamientos Wimdu.
Respuesta correcta: ¡Irlanda!