Confieso que estaba un poco nerviosa el día anterior a cruzar la frontera entre Venezuela y Colombia, pues había recibido tal variedad de información que no sabía si escogería la opción correcta. Estas líneas divisorias inventadas por el hombre, las fronteras, –que mira que somos tontos y nos gusta complicarnos la vida– son para mí uno de los peores inventos de la historia de la humanidad, después de la bomba atómica y hacer la cama. Ya son varias las fronteras terrestres por las que he pasado y me ha ocurrido en ellas de todo, desde que el empleado fronterizo estuviera más centrado en intentar acariciarme el brazo que en ver si llevaba fajos de droga en la maleta, hasta que me hicieran quitarme las gafas y recogerme el pelo para que me pareciera a la pringada que sale en la foto de mi pasaporte. Pero nada importante… aunque en esta ocasión, que un personaje me asegurara que es normal que por ahí secuestren turistas o que un conocido les hiciera cambiar el rumbo a sus huéspedes españoles, porque cruzarla en bici era lo peor de lo peor, me hacía imaginarme cosas muy malas. Lo que está claro es que tenía que atravesarla por mi cuenta y riesgo, puesto que no existen autobuses que hagan un trayecto de una ciudad venezolana a otra colombiana en el sur, ni aunque entre éstas sólo haya 20km de distancia. En el norte, por Maracaibo sí que disponen de buses que viajan a Cartagena, Santa Marta o Barranquilla, vía Maicao; pero como tenía que viajar hacia Bogotá, no contemplé esta opción.
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He de confesar que San Cristóbal no ha sido nunca una ciudad que quisiera visitar por sus encantos, solamente quería descansar unos días en este punto intermedio en mi trayecto de Puerto La Cruz a Bogotá y hacer las cosas típicas que intento solucionar cada quince o veinte días en mis viajes: lavar ropa, contestar emails y dormir bien… San Cristóbal, en definitiva, hizo las veces de caravasar dentro de mi ruta por Venezuela y Colombia. Y si no se tienen más pretextos que el que acabo de comentar, San Cristóbal es un buen lugar para ello, pues está repleto de comercios de todo tipo. En definitiva, si tienes que cruzar de Venezuela a Colombia o viceversa y no lo consigues hacer en un día, recomiendo hacer noche en San Cristóbal antes que en San Antonio de Táchira o Cúcuta. Además, en enero sí que merece la pena acercarse hasta aquí, pues se celebra la feria de San Sebastián.
Esta ciudad se encuentra en los Andes Venezolanos a sólo 43km de la frontera con Colombia, por eso es un lugar común para los que pensamos cruzar la frontera por Cúcuta.
Llegué a San Cristóbal a las 6 de la mañana sin haber pegado ojo en un autobús refrigerador (alguien tendría que explicarles que lo que transportan en sus autobuses no son cadáveres y que no hace falta poner el aire condicionado modo Groenlandia).
Tras seis horas de viaje –dos más de lo habitual- en un estrecho autobús viendo “50 primeras citas” en blanco y negro, en el que el conductor nos había grabado en vídeo, llegué a la ciudad de Mérida en plenos Andes venezolanos. Si no fuera por los montes que rodean a la ciudad, hubiera pensado que me había confundido de destino puesto que todos los venezolanos por el camino me habían aconsejado abrigarme mucho por tratarse de una ciudad con un clima frío. Y ahí estaba yo, pasando calor y quejándome por haber guardado la crema solar en el fondo de la mochila. Definitivamente, creo que para estándares europeos, no hay ningún lugar en Venezuela en donde se pase frío durante el día. Por la noche es otra historia, pero nada que no pueda solucionarse con un simple forro polar.
Había pasado unos días increíbles en Isla Margarita recordando en qué consiste viajar en solitario y todo lo que conlleva; libertad absoluta en la toma de decisiones, mayor predisposición a la hora de conocer a otras personas, convivencia con los momentos de soledad… No, eso afortunadamente no me ocurrió nunca gracias a los amables margariteños siempre dispuestos a conversar contigo o mostrarte rincones de la isla. Podéis hacer la prueba: sentaos junto a una mesa en la que no haya nadie en cualquier chiringuito y pedíos un desayuno tradicional. En seguida varias personas habrán ocupado los asientos adyacentes y estarán intentando sacarte conversación a base de curiosas preguntas que pueden ir desde el “¿tienes hijos?” hasta el “si necesitas que te lleve a alguna parte de la isla, ¡a la orden!”.
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Me resulta totalmente novedoso vivir esta época del año en un clima veraniego. La Navidad es un periodo que siempre he relacionado con el frío, con abrigarme mucho, y también, cómo no, con la familia. Pero esta vez decidí romper con todo lo conocido y ver cómo celebran estas fiestas en Sudamérica, comenzando por el Caribe; una zona del planeta en la que sus habitantes rara vez necesitan cambiarse las chanclas por las botas ni las camisetas de tirantes por las cazadoras. Aún así, los adornos navideños de alguna manera recuerdan a las bajas temperaturas como los muñecos de nieve o los barbudos y abrigados Papás Noeles. Si eres de los que como yo, has estado siempre en Europa durante el invierno, entenderás por qué me chocó tanto ver este tipo de decoración pero en una versión tropical. Y he decir, que si no fuera por esto, pensaría que me encuentro en el mes de julio o agosto. En cambio no creáis que se escuchan muchos villancicos, la música caribeña suena durante todo el año pase lo que pase.
Ya he dejado atrás las playas venezolanas y me encuentro en Bogotá a punto de celebrar la Nochebuena con ceviche y brindaré a vuestra salud. Muchas gracias por seguirme en este viaje, tengo la sensación de que ahora viene “lo mejor”.
¡Feliz Navidad!
La Isla Margarita es la más grande del único estado insular de Venezuela tras Coche y Cubagua. Los españoles dieron el nombre al estado de Nueva Esparta en honor al arrojo y coraje de sus habitantes. Y respecto al topónimo de Isla Margarita, cuentan que los descubridores, cuando llegaron a Nueva Cádiz (Cubagua) se encontraron con que había una gran producción de perlas, a las que denominaban margaritas… también es posible que tenga que ver con la reina Margarita de Austria. Pero la isla ya estaba habitada antes de Cristóbal Colón por los indios guaiqueríes, los cuales la habían bautizado como Paraguachoa, vocablo que significa según algunos historiadores “peces en abundancia” y según otros “gente de mar”, de todos modos ambas descripciones encajan con Margarita, a las que añadiría “playas”, “montañas”, “pelícanos” o “música en todas partes y a todas horas”. Os hago un resumen de los lugares que más me han gustado de Isla Margarita.








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