Ucrania

MLYNIV, Ucrania


Música para ambientar mientras lees:

 

Tras haber estado un par de días en Kiev, Hanna y yo nos fuimos a Mlyniv, para visitar a su madre. Hanna ha vivido casi toda su vida en Mlyniv, a excepción de los años en los que estudió en la Universidad de Lutsk y los trece meses que ha pasado en Alemania, seis de ellos conviviendo conmigo. Entre nosostras hablamos alemán, cada una con nuestro acento.

Pensábamos tomar un minibus de Kiev a Rivne, y otro de Rivne a Mlyniv, pero nos pilló el factor “jornaleros borrachos”. Esto es, señores de zonas rurales, que son contratados unas semanas para trabajar en Kiev. Habían terminado su contrato y volvían a su casa, no podían esperar a llegar para celebrarlo. Ya al principio, en el pasillo del minibús, construyeron una mesa improvisada a base de maletas, que utilizaron para comer los embutidos más apestosos del mundo. Como fuera hacía -20°C, tampoco era plan de abrir las ventanas para ventilar. El espacio era muy reducido e intentábamos respirar a través de una camiseta. Hanna se acordó de las mascaras antigás que habíamos visto en un mercadillo en Kiev.
En seguida sacaron las botellas de vodka y pivo, y no tardaron mucho en comenzar a dar la lata.

Señor borracho 1: ¡¡¡Para el bus que quiero meaaaaarr!!!
Conductor: Veo que tienes una botella de cerveza vacía en la mano, hazlo ahí que ya he parado muchas veces.
Señor borracho 1: Eso es imposible, ¡mi pene es mucho más gordo que la botella!
Señora de la segunda fila: Tengo dos niños pequeños y se portan mucho mejor que vosotros, ¡gamberros!
Conductor: ¡ Y como sigáis comiendo un chorizo de esos, os vais todos a la carretera!

Conductor: ¿¿¿Quién está fumando??? Huele a tabaco, ¡aquí no se puede fumar!
Señor borracho 2: Nadie está fumando, el olor viene de la calle.
Conductor: ¡Eso es absurdo!

Lo bueno es que Hanna me iba traduciendo cosas que decían.

Señor borracho 3: Qué bien que se está haciendo tarde, intentaré llegar a casa a las 00:01 para ser el primero del día que se tire a mi mujer. Es que hay mucho joven en el vecindario.

Señor borracho 4: (Esta es la que más me gusta) ¡Por Dios! ¡Que quiten esta serie rusa y pongan una película de amor, felicidad y los hombres que protegen Ucrania!

Señor borracho 5: Me parece que esta chica no entiende ucraniano, habla un idioma muy raro.

Llegamos a Rivne dos horas más tarde de lo previsto, perdimos nuestro bus… Al final seguimos un tramo más con el minibus del horror hasta llegar al culo del mundo, ahí tomamos un taxi a casa de la madre de Hanna. Switlana nos recibió con la cena hecha, que nosotras devoramos como fieras. Conejo con setas y patatas criado por ella, caviar, embutidos, chocolates y un vino que venía en una botella con forma de conejo.

Me hablaba en ucraniano alto y claro. La casa estaba llena de alfombras por el suelo y paredes, y Hanna me preparó la bañera. Llevaba mucho tiempo sin darme un baño, y os aseguro, que viniendo de -20°C en la calle, fue como estar en el paraíso.

 

Mlyniv es un pueblo de unos 10 000 habitantes situado en el noroeste de Ucrania, en el Oblast de Rivne. Mlyniv significa “molino” en ucraniano. Lo podemos ver en su escudo.
He aquí algunas fotos que saqué:

-El río helado, se puede caminar por encima. En verano la gente va a pescar y a nadar aquí.

Museo de naturaleza, en su interior hay animales disecados.

 

Iglesia del pueblo.

 

-Algunas calles de Mlyniv.

 

-Plaza principal nevadísima, con su ayuntamiento.

 

 

 

 

 

Estación de bus de Mlyniv.

 

-Abuelicas, o como se dice en ucraniano “Babushkas”.

 

No teníamos mucho tiempo para ver el pueblo, pues teníamos que llegar a Lviv para tomar nuestro vuelo a Dortmund. Hanna también vino, porque aún tenía visado de la zona Schengen para un par de meses. Compramos comida y guarradas en general en el pequeño supermercado –entre otras cosas, patatas Lays con sabor a caviar-. Y nos fuimos a la estación.

 

 

Subir al bus fue una lucha de codazos y empujones… Hacía tanto frío que el cristal de la ventana estaba helado, ¡por dentro! Cada vez que hacía un agujero para poder observar el paisaje, pasaban a penas dos minutos hasta que se volviera a cubrir por completo por una gruesa capa de hielo.

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