Japón

Guía para viajar a Japón durante una semana/10 días

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Guía para viajar a Japón durante una semana/10 días

 

Viaje corto a Japón por tu cuenta. Consejos para salir airoso

Los consejos que detallamos a continuación están sacados de nuestra propia experiencia personal en base a un viaje a Japón que realizamos en Mayo de 2016, con una duración de 9 días / 7 noches y en el que visitamos Tokio, Kioto y Nara.
No faltó quien nos dijo que con tan pocos días no merecía la pena viajar hasta Japón, pues bien, una vez concluido sólo podemos decir que, no sólo ha merecido mucho la pena, es que ha sido uno de los mejores viajes que hemos hecho nunca, pero empecemos por el principio.

 

Idea de viaje y presupuesto

Es importante tener una idea de viaje clara y definida para intentar  aprovechar el tiempo al máximo. Más aún si, como en este caso, se trata de un viaje corto. Dedicar tiempo en casa a decidir cosas como por dónde entrar y salir del país, zonas a visitar y como moverse entre dichas zonas, nos puede ahorrar no poco dinero como veremos más adelante. Nuestro plan fue entrar en Japón por Tokio (Narita), movernos hasta Kioto en tren bala (shinkansen) y salir por Osaka (Kansai).
Conviene también ir haciendo una valoración monetaria de cada una de las partes de nuestro viaje, vuelos, alojamientos, desplazamientos y demás. Eso nos hará hacernos una idea aproximada del coste final al que tendremos que hacer frente.

 

Vuelos

La enorme distancia que separa Japón de España hace inevitable que nos tengamos que mover hasta allí en avión. Como para cualquier otro viaje, hay que mirar y comparar precios en distintas webs e intentar comprar los billetes con bastante antelación con la intención de rebajar el precio lo más posible. Hoy en día la mayoría de compañías hacen escala en algún punto de oriente medio, Dubái en nuestro caso, por lo que finalmente, el tiempo de llegada al país nipón puede demorar más de 24 horas.

Bienvenidos a Japón

Bienvenidos a Japón

 

Dinero, tarjetas y efectivo

Una vez en el país, la primera preocupación del viajero suele ser la de conseguir dinero en moneda local, yenes en este caso. Para ello hay dos opciones. La primera, casas de cambio, las hay por toda la ciudad e incluso en el propio aeropuerto. La segunda, la que nosotros utilizamos, cajero automático (ATM). Hemos comprobado que el cambio entre entidades bancarias siempre suele ser el mejor. Este método tiene el inconveniente de las comisiones, tanto por cambio de divisa como por disposición en cajero ajeno, pero esto ya es cuestión de las condiciones que cada uno tenga contratadas con su banco. Aconsejamos sacar el máximo que permita el cajero para intentar reducir al mínimo dichas comisiones. En muchos hoteles disponen de máquinas de cambio, pero eso sí, con un cambio muy desfavorable para el viajero.
El uso de tarjetas está ampliamente extendido por Japón, sobre todo las de crédito, no así las de débito, que fueron rechazadas por un par de comercios al intentar pagar con ellas.

 

Transporte y desplazamientos

Es difícil encontrar a alguien que haya viajado por Japón y no lo haya hecho con el famoso JRP (Japan Rail Pass), un pase que permite moverse por toda la red ferroviaria japonesa con algunas excepciones. En nuestro plan de viaje había un único desplazamiento largo (Tokio-Kioto), esto hizo que no tuviéramos que comprar el JRP ya que nos salía más caro, de ahí lo que comentamos anteriormente de la importancia de diseñar bien el viaje.
Vamos a ver cómo movernos en las dos ciudades de forma separada, porqué nada tienen que ver la una con la otra.

Moverse en Tokio

Lo primero es ir desde el aeropuerto (Narita) hasta la ciudad de Tokio propiamente dicha. Hay varias empresas que ofrecen este servicio, nosotros usamos el Narita Express, que tiene un precio de unos 25 € por persona y que, en poco más de una hora y tras un transbordo, nos dejó en la estación de Ikebukuro, muy cerca de nuestro alojamiento.

Destino Ikebukuro

A bordo del narita Express hacia Ikebukuro

Para los desplazamientos por la ciudad en los días siguientes usamos el que se terminaría convirtiendo en nuestro “monstruo” particular, el Metro de Tokio.
Lo primero que hay que decir es que no es un metro al uso, ya que son dos empresas las que gestionan las líneas y el billete de una no vale para la otra. Para solventar esto están los bonos de día que puedes sacar en las máquinas de cada estación. Son válidos para todas las líneas y cuestan 1000 yenes, unos 9 € al cambio. Una vez comprendido esto y ya con un mapa de metro en la mano (no te asustes al verlo), toca meterse en las tripas del “monstruo”. Cada estación es una mini-ciudad subterránea en la que cuesta mucho trabajo orientarse, alguna con hasta cuatro niveles y multitud de salidas en cada nivel. Son tantas que, incluso a los propios locales, les cuesta saber cuál de ellas utilizar. Algunas estaciones están muy separadas entre sí y se conectan por galerías de cientos de metros en las que no es complicado perderse.

Un intenso día en el Metro de Tokio

Un intenso día en el Metro de Tokio

El mejor consejo que os podemos dar si andáis perdidos por el metro de Tokio es salir a la calle por cualquier salida, uno siempre se orienta mejor al aire libre, aunque haya que andar más. Nosotros perdimos un tiempo precioso en alguna ocasión intentando encontrar la salida correcta.
Las aglomeraciones de gente, sobretodo en hora punta, son del tal calibre que en algunas líneas han habilitado vagones “sólo para mujeres” para intentar que no se sientan incomodas.
Nada de lo que leímos antes del viaje, tanto en guías como en blogs, nos preparó para enfrentarnos al “monstruo” cara a cara. La buena noticia es que no es invencible. Finalmente conseguimos doblegarle.
Destacar también que a algunas zonas como Odaiba no llega el metro, para desplazarse hasta allí hay que hacer uso del famoso monorraíl sin conductor y cuyo billete hay que pagar a parte.

Vagón Women Only. Metro de Tokio

Vagón Women Only. Metro de Tokio

 

Moverse en Kioto

Kioto también dispone de metro, o mini-metro, si lo comparamos con su primo mayor de Tokio. Sólo tiene dos líneas y no lo usamos porque, sin duda, la mejor manera de moverse por la ciudad es en bus. Hay varias líneas que abarcan todo el área metropolitana y que te dejan prácticamente a la puerta de muchos de los puntos de interés turístico. En autobús llegamos incluso a Arashiyama, algo alejado de Kioto, para visitar su famoso bosque de bambú.
Existe un bono de día que se compra directamente al conductor por 500 yenes, menos de 5 € y que se amortiza de sobra, ya que son varios los trayectos que hay que realizar a lo largo del día. Hay que recordar que es un bono de día, no de 24 horas, es decir, que si compras el bono a las 23:00 de la noche, no podrás utilizarlo al día siguiente.
Los buses funcionan de una manera peculiar. Se monta por la parte de atrás y se sale por la de delante. Se paga al final del viaje, ya sea en efectivo o con el bono correspondiente. Si se paga en efectivo tiene que ser con el importe exacto, el conductor no devuelve cambio. Dentro del bus hay máquinas para cambiar billetes por monedas.

Autobuses de Kioto

Autobuses de Kioto

Para ir hasta Nara utilizamos un tren local. No cogimos el tren rápido porque no efectúa paradas, y nuestra intención era hacer un alto en la estación de Inari para visitar el impresionante Templo de Fushimi Inari, famoso por sus miles de “torii” rojos. Compramos los billetes directamente en las estaciones y nos salió por unos 11 € por persona.
Nuestro último desplazamiento en Japón fue para ir desde Kioto al aeropuerto de Osaka (Kansai), desde el que salía nuestro vuelo de regreso a España. Una vez más, el tren fue el medio utilizado. Billetes comprados en la estación de Kioto Central al precio de unos 25 € por persona.

 

Alojamiento en Japón

Lo primero que hay que decir es que el alojamiento en Japón es caro, y el precio se va incrementando a medida que nos acercamos al centro de las ciudades. Así pues, una buena opción es alejarse algo del centro de la ciudad y buscar alojamiento cerca de una estación que conecte más o menos rápido con el centro en transporte público. Eso es lo que hicimos tanto en Tokio, muy cerca de la estación de Ikebukuro, como en Kioto, muy cerca de la estación Central.
En Japón hay muchas opciones de alojamiento, desde los hoteles “cápsula”, pasando por los famosos ryokanes, hasta los hoteles de más o menos estrellas. Nuestra elección fue hoteles de gama media que resultaron perfectos para nuestras necesidades.
Por regla general, las habitaciones de los hoteles en Japón son pequeñas, y esto es tan así que cuesta moverse por ellas con maletas de gran tamaño, pero bueno, una vez que le pillas el truco no supone mayor problema.
En algunos hoteles suelen hacer un cargo en tu tarjeta de crédito en concepto de depósito el día de llegada. Dicho cargo te lo devuelven el día de salida, y al estar hecho contra tarjeta de crédito lo normal es que no llegue a reflejarse nunca en tu cuenta. En nuestro caso, el hotel de Tokio nos cargó 70000 yenes, que no es ninguna minucia, así que conviene revisar bien los límites de la tarjeta antes de llegar a Japón.

 

Comida y bebida japonesas

La gastronomía japonesa es otro de los puntos fuertes del viaje. Conviene olvidarse de prejuicios y sumergirse de lleno en ella. El hecho de estar probando algo delicioso sin saber muy bien qué es exactamente puede ser una estupenda experiencia.
Resulta casi imposible no comer el omnipresente sushi, acompañado de sopa de miso, servida caliente y muy sabrosa, y aunque es verdad que está muy bueno, el resto de especialidades no le van a la zaga. Por nombrar alguna de las que probamos, diremos que las “gyozas”, una especie de empanadilla rellenas, nos sorprendieron gratamente en un pequeño restaurante en el distrito de Gion en Kioto, al igual que los “yakitoris”, brochetas a la parrilla de carne o pescado, que pudimos degustar en la calle Pontocho, también en Kioto.

Gyozas y sake en Gion Kioto

Gyozas y sake en Gion Kioto

En Tokio, muy cerca del cruce de Shibuya, cenamos en un restaurante especializado en tempura, delicias de pescado, marisco y verduras, rebozadas al estilo japonés y fritas en abundante aceite.
Muy socorridas son también las cajas de “bento”, sushi empaquetado y listo para llevar. Resultan económicas y se pueden encontrar en supermercados tipo 7-Eleven. Nosotros dimos buena cuenta de un par de ellas en el autobús de camino a Arashiyama y también nos solucionaron otra cena en Kioto.

Cajas de Bento camino de Arashiyama

Cajas de Bento camino de Arashiyama

Una de las comidas más auténticas de todo el viaje fue la del Mercado de Tsukiji en Tokio, el mayor mercado mayorista de pescado del mundo. En sus calles aledañas multitud de puestos venden sus productos, sobretodo pescado fresco. En uno de esos pequeños puestos callejeros en el que no había ni taburetes para sentarse, una amable señora ya entrada en años, nos preparó en el momento unas vieiras con atún, cocinadas en su propia concha al fuego y a las que dio un último toque con un soplete. Simplemente deliciosas. Tenemos un recuerdo especial de aquella comida, y más ahora que nos hemos enterado de que el mítico Mercado de Tsukiji cerrará sus puertas para siempre en Noviembre de 2016.

Comiendo en el Mercado de Tsukiji en Tokio

Comiendo en el Mercado de Tsukiji en Tokio

Comiendo en el Mercado de Tsukiji en Tokio

Mención aparte para la no menos famosa carne de buey Kobe. La localidad que le da el nombre está muy cerca de Kioto, pero no hace falta desplazarse hasta allí, en el propio Kioto hay varios restaurantes que la preparan, eso sí, es muy, muy caro, casi únicamente para bolsillos privilegiados. Nosotros estábamos decididos a probarlo, así que entramos en un par de restaurantes de los que salimos asustados tras ver su carta. Cuando ya habíamos perdido toda esperanza de hincar el diente al Kobe, nos topamos con un sitio especializado en carne, muy cerca del puente de Gion. Allí probamos cuatro cortes diferentes de carne, uno de ellos de Kobe, pura mantequilla que se deshacía en la boca. Es verdad que los platos no eran muy abundantes, en torno a los 100 gramos cada uno, así que disfrutamos con deleite de cada bocado. La cuenta final, sin ser barata, no fue para nada escandalosa, en torno a los 60 € con dos jarras de cerveza incluidas.

Carne de Kobe

Carne de Kobe

Eso en cuanto a la comida, en cuanto a la bebida, lo primero que hay que decir es que, en todos los restaurantes de Japón el agua se sirve de cortesía, es decir, que se pueden ahorrar unos cuantos euros si únicamente se pide agua. Pero como está claro que no sólo de agua vive el hombre, también conviene probar la cerveza japonesa, suave y muy rica, además, sorprendentemente, los japoneses “tiran” muy bien la cerveza de grifo, nada que envidiar a nuestras cañas patrias. Y ya puestos, nos lanzamos de lleno con el “sake”, en muchos sitios te lo venden como una bebida con la que incluso puedes acompañar una comida, nosotros lo pedimos el día de las “gyozas” y nos resultó más como un licor de alta graduación alcohólica, mucho más indicado para después de la comida. De todos modos, pocas cosas hay más japonesas que un buen trago de “sake” al grito de “¡Kampai!”.

Dándonos un homenaje de Kobe en Kioto

Dándonos un homenaje de Kobe en Kioto

Seguridad

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Japón es el país más seguro que hemos visitado. En todos nuestros viajes, el tema de la seguridad es uno de los que más nos preocupa, tanto antes como durante el propio viaje, pues bien, en este ha sido algo de lo que nos hemos podido olvidar casi por completo, y eso no es decir poco.
Hemos transitado por calles completamente desiertas, a altas horas de la noche y sin tener sensación de peligro en ningún momento. Esas mismas calles, pero en otro país, habrían hecho saltar todas nuestras alarmas y nos habrían hecho dar media vuelta sin ninguna duda. Este hecho nos ha ayudado a disfrutar, más si cabe, del viaje.
Aun así, nuestro consejo siempre es el mismo, sea cual sea el sitio que visites, nunca arriesgar lo más mínimo y siempre dejarse llevar por el sentido común.

Calles vacías pero seguras en Kioto

Calles vacías pero seguras en Kioto

Idioma

Japonés, es obvio, así que, a no ser que lo domines a la perfección, incluidos los dialectos propios de cada región, el tema de comunicarse con los locales va a ser un pelín complicado. Con ello contábamos, con lo que no contábamos es con el pobre nivel de inglés que tienen la mayoría de los japoneses. Si te sales de los circuitos turísticos, es decir, hoteles, restaurantes y atracciones, la gente de a pie a duras penas es capaz de indicarte izquierda o derecha en la lengua de Shakespeare, así que no queda más remedio que recurrir a la paciencia y al universal idioma de los signos. Eso sí, no te cortes de saludar con un “Konichiwa” o de dar las gracias con una reverencia y un “Arigato”.

 

La gente

Amabilidad. De las muchas palabras que se nos vienen a la cabeza para describir al pueblo japonés, esa es la que resuena con más fuerza. Siempre dispuestos a ayudarte y siempre con una sonrisa en la boca. No han sido pocas las veces que hemos requerido de su ayuda, sobretodo en nuestro “amigo”, el metro de Tokio, y siempre ha sido increíble el esfuerzo y el interés mostrado en sacarnos del atolladero. En más de una ocasión, y ante la enorme barrera que supone el no poder entendernos en un idioma común, han decidido venirse con nosotros y no han cejado en su empeño hasta que no nos han dejado en la dirección correcta.
Es gente que se dedica en cuerpo y alma a su ocupación, sea la que sea, siempre intentando llegar a la perfección en todo lo que hacen. Un ejemplo para ilustrarlo. Dos cosas perdimos de forma momentánea durante nuestro viaje, la tapa de la cámara fotográfica en una sala de recreativos en Akihabara y una bolsa con compras menores en la Torre de Tokio. En ambos casos, los encargados de cada sitio movilizaron todos los recursos a su alcance para intentar solventar nuestro problema, sin importarles el valor que pudieran tener nuestros objetos perdidos, para ellos fue lo mismo que si hubiéramos perdido la más preciada de las joyas. En los dos casos conseguimos recuperar lo perdido y además en tiempo record. Por ello les estaremos eternamente agradecidos, “Arigato gozaimas”. Nuestra “civilizada” cultura occidental haría bien en copiar muchas de las costumbre del pueblo nipón.

Haciendo amigos en el templo Senso-ji en Tokio

Haciendo amigos en el templo Senso-ji en Tokio

Qué ver en Japón

Son muchas y a cuál más espectacular, pero este es un tema en el que no queremos profundizar porque entendemos que cualquier guía lo hará mejor que nosotros. Sólo queremos dar un pequeño consejo que tiene que ver con los templos de Kioto. Y ese consejo no es otro que intentar llegar a primera hora del día, casi antes de la hora de apertura, para intentar evitar, en la medida de lo posible, las hordas de escolares que invaden los templos a medida que avanza la jornada. Esto se hace especialmente patente en los templos de Kinkaku-ji o Pabellón Dorado y Kiyomizu-dera. Al principio pueden resultar incluso graciosos, pero creednos, al final del día estaréis deseando perderlos de vista.
Aún con todo y eso, las estampas que el país del sol naciente ofrece al viajero son tan impactantes que quedan para siempre en su memoria. Sólo cabe disfrutar de ellas con la dedicación que merecen.

Templo de Fushimi Inari en Kioto

Templo de Fushimi Inari en Kioto

Sitios que no hay que perderse

Estos son, a nuestro entender, los sitios imprescindibles en un viaje corto a Japón. Seguro que para mucha gente faltarán otros lugares y para muchos otros sobrará alguno, pero eso es, precisamente, lo bueno de los viajes, que cada uno los vive a su manera, adecuándolos al tiempo del que dispone y a las circunstancias de cada momento.

En Tokio

  1. Asakusa: Templo Senso-ji, el templo budista más famoso de Tokio.
  2. Shibuya: Moda, centros comerciales y su famoso cruce.
  3. Shinjuku: Luces de neón y ambiente a cualquier hora del día.
  4. Harajuku: Calle Takeshita, Santuario Meiji y Parque Yoyogi. Ambiente juvenil.
  5. Roppongi: Templo Zojo-ji y Torre de Tokio.
  6. Akihabara: La “ciudad electrónica”. Manga y videojuegos.
  7. Palacio Imperial. Puente Nijubashi y jardines anexos.
  8. Mercado de Tsukiji. El mercado de pescado más grande del mundo. Cerrará en noviembre de 2016.
  9. Odaiba: Bahía de Tokio.
  10. Ginza: El barrio más exclusivo de Tokio. Teatro Kabuki.

En Kioto

  1. Templo Kiyomizu-dera. Patrimonio de la Humanidad.
  2. Templo Kinkaku-ji o Pabellón Dorado. Patrimonio de la Humanidad.
  3. Templo de Fushimi-Inari y sus miles de “torii” rojos.
  4. Bosque de bambú en Arashiyama.
  5. Templo Ryoan-ji. Templo Zen. Patrimonio de la Humanidad.
  6. Distrito de Gion. El barrio de las geishas y la calle Pontocho. Una de las más auténticas de la ciudad.
  7. Templo Sanjusangen-do. Famoso por las 1001 estatuas de la diosa Kannon.
  8. Templo Ginkaku-ji o Pabellón Plateado. Patrimonio de la Humanidad.
  9. Camino de la Filosofía. Para recorrerlo con tranquilidad.
  10. Templo Toji. Con su famosa pagoda de cinco pisos, el edificio de madera más alto de Japón y símbolo de la ciudad. Patrimonio de la Humanidad.

En Nara

  1. Templo Todai-ji. Enorme templo de madera que alberga una estatúa gigante de Buda en Bronce.
  2. Templo Kasuga-taisha. Rodeado de linternas de piedra y bronce.
  3. Parque de Nara. Para disfrutar de los miles de ciervos sagrados que vagan en libertad.

 

Sobre nosotros

Somos Alberto y Berta, una pareja de segovianos que lleva viajando desde el inicio del milenio, es decir, ya va para 16 años. En todo ese tiempo hemos tenido la fortuna de visitar lugares en casi 40 países. Desde Helsinki en el norte hasta El Calafate en el sur, de San Francisco en el oeste a Tokio en el este. Todos viajes diferentes pero igual de enriquecedores, y todos ellos con dos cosas en común, las mariposas en el estómago antes de iniciar cada nuevo viaje y unas ganas enormes de empezar el siguiente ya en el mismo avión que nos trae de regreso a casa.
Estamos convencidos de que esto no ha hecho más que empezar, y de que ahí fuera hay un montón de sitios que nos están esperando. Este es un mundo enorme y maravilloso, y hemos llegado a la conclusión de que es una empresa fantástica el dedicarse a recorrerlo sin parar, porque vagabundos como nosotros, nacimos para correr.
Podéis seguir nuestras andanzas en nuestra página web.
Y si queréis contactar con nosotros podéis escribirnos a la siguiente dirección:
ardelio.pandorin (a) gmail.com

Templo Kiyomizu-dera en Kioto

Templo Kiyomizu-dera en Kioto

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