India

ANKLESHWAR, El pueblo

Gujarat es un estado de la India por el que no suelen pasar turistas –excepto Sánchez Dragó-. Los pocos que vienen, se dirigen a la isla de Diu, pero la mayoría de los extranjeros con los que hablamos, lo único que han visto de Gujarat es la estación de tren de Ahmedabad, capital de la región. Gujarat limita con Pakistán y al norte, con la región de Rajastán; aquí nació Mahatma Gandhi. Ankleshwar no sale en las guías, nadie la recomienda y es totalmente comprensible. Un pueblo cochambroso plagado de vacas autistas, basura conviviendo con chabolas flanqueadas por cuervos y niños harapientos que ni siquiera piden dinero –como en Bombay-, porque no saben tratar a un extranjero; probablemente nunca hayan visto uno. Pero todo esto es lo que hace especial a un paseo por Ankleshwar. Por fin me siento verdaderamente lejos de casa, pues ahora me he alejado de todo lo que huele a turístico.
Aquí conviven hinduistas, musulmanes y cristianos y, sobre todo, los dos primeros no se llevan bastante bien. Los musulmanes trabajan más y tienen comercios algo mejores que los demás; motivo por el que los hinduistas no los tragan del todo. Súmale el misticismo exagerado de la India y la bomba a veces explota en linchamientos a musulmanes.

Joaquín se llevaba bien con todos, le tienen mucho respeto en el pueblo. Nos llevó a cambiar dinero y a comprar billetes de tren en un establecimiento musulmán, en donde le tratan como a un colega; además la gente por la calle le saluda. En una ocasión oímos a un niño que gritaba en voz alta algo en gujarati. El tío de Andrés nos dijo que el niño había gritado: “¡Mira, ahí está el padre Joaquín!”
¿He dicho que los musulmanes en la India se tiñen de pelirrojo? Por lo visto Mahoma tenía el pelo rojo y los que practican esta religión, se tiñen la barba, el cabello o las dos cosas. Por eso es fácil distinguirlos.
Nosotros llegamos en la época de Ramadán. Cuando al anochecer se escuchan unos cantos por la ciudad que invitan al festín. En una ocasión en la que caminábamos por Ankleshwar se puso a llover y encontré una tienducha en la que vendían paraguas. El tendero no ponía ningún interés en vender y parecía nervioso. Luego caí en la cuenta, ¡estaba anocheciendo, y el hombre lo único que quería era ir a taparse ese vacío en el estómago! Pero los hindúes también tenían su festividad, la dedicada al dios Ganesh. El dios de la suerte con cabeza de elefante, uno de los más importantes en la mitología hindú. Durante estos días, la gente iba a bañar su propia estatuilla de Ganesh al río o al lago más cercano, pero lo que más nos sorprendió, fue la manera de celebrarlo de los hombres. El que en Gujarat haya Ley seca, no impide que se emborrachen con sus alcoholes caseros y a cada minuto se veía pasar un camión de borrachos chillones con la cara pintada de rojo.
 
Volvimos al internado y algunos niños habían terminado de cenar. Nosotros hablábamos sentados en un murete y los niños nos rodeaban, simplemente observándonos. Estaba pensando en que gustaría saber lo que piensan mientras nos miran y se me ocurrió sacar una revista española que había traído que trataba sobre la India. Les iba pasando las páginas y ellos me decían en gujarati lo que veían “vaca”, “coche”, “tren”, no podría repetir ni una palabra. Les mostré un reportaje que había sobre Bollywood y cuando vieron la foto de la bella Ashwarya Ray, los niños hicieron gestos cómicos de galán. Uno se pasó la mano sobre el pelo, otro se ponía bien el cuello de la camisa, otro comprobaba su aliento. ¿Qué hay que no se pueda decir con gestos?
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