India

EXTRA EN BOLLYWOOD!!

Como ya he dicho antes, un señor que me encontré en Colaba, nos dijo que si queríamos hacer de extras en Bollywood, la mayor industria cinematográfica del mundo, cuyo nombre viene de la unión de Bombay+Hollywood.
Quedé con él a las 8 de la mañana del día siguiente en el McDonalds, pero debió de hacerse un lío con el horario y me estuvo persiguiendo toda la tarde. Mientras estaba en el hotel, un chico portugués vino a preguntarme si yo era Inés. Sí, soy Inés (creo que se me notó la cara de extrañeza). Entonces me dijo que se había encontrado al señor encargado de buscar extras para Bollywood y que en vez de a las 8 tenía que ir a las 12. Vale. Más tarde estábamos comiendo en un restaurante musulmán, y éste señor entró a decirnos que, al final el rodaje comenzaba a las 9. Se notaba que había estado buscándonos. Total: al día siguiente aparecimos a las 9 en el restaurante de comida rápida y el hombrecillo nos dijo que volviéramos a las 12. Incredible India. Pero no importa, mejor acostumbrarse cuanto antes a esto del caos de los horarios. Cuando llegamos me metieron en un cuarto cochambroso, la sala de vestuario de mujeres.

A los hombres, en el de hombres, claro. Me dejaron diez minutos sola observando los descorchados y entonces vinieron dos chicas israelíes, que habían traído también para hacer de extras. Ahora empieza lo bueno. Vinieron dos señoras indias, las encargadas de vestuario con unos sacos de ropa. Sacaron un montón de vestidos enormes y pesados y nos empezaron a probar. Una israelí le dijo “¡Yo quiero el vestido más extravagante!”. No hacía falta que lo dijera, ¡todos eran extravagantes!”

La película se llama Harishchandrachi Factory y trata sobre la primera película que se hizo en la India en 1913. Por aquella época los ingleses mantenían el dominio de la India y por ello me disfrazaron de “inglesa de época”. Éste es el trailer -no se me ve por ninguna parte-. Mi atuendo consistió en un gran vestido amarillo a juego con una peluca también amarilla (el concepto de rubio que tienen los indios, por lo visto); collar, pulsera, pendientes y anillo de perlas, un bolso dorado, sombrilla, zapatos de tacón y un maquillaje horroroso que me hacía parecer más a un travesti que a una inglesa.

También me hicieron quitarme el arete de la nariz, porque eso es un símbolo hindú. A Andrés le pusieron más guapo, con un traje a cuadros.

El escenario: un puerto. El decorado era muy bonito, bastante trabajado; pero los indios tienden a hacer planos bastante más cerrados de lo que estamos acostumbrados, por eso no se puede percibir el escenario con mucha claridad.
También habían puesto un gran croma (el panel azul o verde que en postproducción puede cambiarse por otros fondos digitales) y eso no sé qué tal puede quedar. Normalmente, en un plató, los cromas producen imágenes bastante cutres porque los personajes no producen sombras y los bordes están poco o mal contorneados. No me quiero imaginar un croma en exteriores.
En una ocasión me hicieron caminar sola y en otra; con Andrés de la mano. Como los indios sobreactúan mucho, yo no iba a ser menos a pesar de ser una mera figurante, y caminé sacando pecho, como una pomposa señorona británica. A mitad de rodaje paramos a comer, un catering muy básico y todo el chai -te con jengibre muy dulce y peligrosamente caliente- que quisiéramos.
Nos pagaron 500 rupias a cada uno, lo que nos vino bien para pagar el hotel; pero por supuesto, esto nadie lo hace por dinero, sino por pasar un rato divertido viendo cómo la mayor industria cinematográfica del mundo, realiza un producto más (unas 800 películas al año).
Aunque no venga a cuento, creo que es interesante comentarlo: la tercera industria cinematográfica es Nollywood, es decir, ¡el cine nigeriano!
El rodaje concluyó hacia las seis de la tarde y como era el cumpleaños de Asun, quisimos comprar unas cervezas. No nos querían vender alcohol en ninguna tienda o restaurante y no sabían explicarnos porqué –el nivel de inglés de los indios es peor de lo que pensaba-.
Al final un chico nos dijo que ese día había una fiesta religiosa y que no se podía comprar alcohol hasta el día siguiente. Teniendo en cuenta que los hindúes tienen millones de dioses, no me extraña que haya tantas festividades a lo largo del año.
Al anochecer salen los vendedores de droga que persiguen a una diciendo en susurros “Haash”, “Marihuaa”. Pero a uno de ellos le dije “Beer?”, “where can I buy beer?”.
Me dijo que sí que podía venderme cerveza pero a un precio algo mayor.
Nos fuimos con él en taxi a una zona en la que se estaba celebrando algo con decoración de espumillones y mil luces de colores. Creo que en las guías de viaje deberían indicar que la India no es un país apto para epilépticos (ni inspectores de la DGT, menos aún si un inspector es epiléptico).
El mozo, nos contaba por el camino que a él le encantaba fumar un porro y ponerse a bailar y seguía proponiéndonos marihuana. Que nooo, queremos sólo cerveza. Paramos y nos dejó en el coche esperándolos. Una imagen que ha quedado grabada en la retina, aunque no le hiciera un foto. Había una vista del skyline de Bombay, con sus rascacielos y el World Tride Center de fondo. En primer término, un burro enclenque husmeaba en un montón de basura. El alegre chico indio nos trajo las cervezas y nos volvimos al hotel. Nunca pensé que fuera a comprar cervezas de modo ilegal, pero el cumpleaños de una amiga y haber participado en Bollywood son unas ocasiones para celebrarlas, ¿no?

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