Ruta por Malta I: La Valeta, Vittoriosa e Isla

Como seguramente sabréis, hace unos días volví de una soleada Malta que disfrutaba de unos 20ºC de temperatura… ¡En noviembre!
Hace poco anuncié que había sido una de las ganadoras de La Ruta perfecta por Malta, cuyo premio consistía en realizar una ruta fotográfica por los rincones más fotogénicos del archipiélago. Éste fue mi portafolio (había que mostrar tus fotos en cualquier formato para entrar en el concurso).

Llegamos a Malta muy temprano, hacia las 9,30. Casi ninguno habíamos dormido, pero no hacía falta, teníamos demasiadas ganas de salir a hacer fotos. Aunque También apetecía repantingarse en el pedazo hotel en donde nos alojaron: el Corinthia de St. Julians.

El equipo, formado por Juan Luis, Diego, Ricardo, nuestra guía Audrey y yo nos fuimos a La Valeta dispuestos a capturar las mejores imágenes.
La capital de Malta, La Valeta, está unida a la orden militar y hospitalaria de San Juan de Jerusalén, los caballeros de la Orden de Malta. Éstos tuvieron su base aquí de 1530 a 1798 y dejaron una gran huella como la red de amplias y ordenadas calles y los numerosos monumentos. Iglesias y palacios, museos y teatros, jardines y plazas conservan casi completamente sus características originales: la ciudad casi no ha sufrido modificaciones desde 1798, cuando los caballeros la dejaron.

-Comenzamos la visita en los jardines Upper Baraka desde los que se tienen unas vistas magníficas de las ciudades fortificadas frente a La Valeta. “Lo malo” es que hacía demasiado sol y era complicado sacar buenas fotos porque salían quemadas. Pero estaba encantada de que hiciera este buen tiempo. Esto es lo que conseguí.

-Dimos un paseo por pequeña ciudad. Se me hacía raro ver tantos adornos navideños a tan altas temperaturas para la época del año. Me imagino que en Sudamérica sería así también. Me estaba gustando, pero… Hay un trabajo típico de la época de Navidad que consiste en disfrazarse de Papá Noel en un centro comercial. En Malta y en Sudamérica deben de asarse los pobres.
Sí, esto es lo que pensé, ¿os he dicho ya que no había dormido?

Por las calles de la Valeta era fácil darse cuenta de la mezcla cultural del país: restaurantes que ofrecen pizza –Sicilia está muy cerca–, cabinas de teléfono británicas, figuras marianas por todas partes y carteles de calles que suenan a árabe. En Malta hay dos idiomas oficiales: el inglés y el maltés. Este idioma podría ser un dialecto del desaparecido árabe magrebí aunque adopta muchos préstamos del griego, italiano, del siciliano y del inglés. Se escribe con alfabeto latino.

-Entramos en la Co-Catedral de Saint John. Todo lo que hay pintado en su interior lo hizo alguien como prueba para entrar en la Orden de los Caballeros de Malta. Toda la catedral está construida por ellos y tiene ocho capillas que representa cada uno de los idiomas de la Orden, hay capillas de Francia, Provenza, Italia, Alemania… ¡Y Aragón!
Si os fijáis, en el suelo hay muchas figuras de esqueletos y calaveras; debajo de cada uno de ellos hay un caballero enterrado.

-Por último visitamos el Palacio del Gran Maestre, el palacio presidencial, en el que pudimos observar las armaduras, una sala de reunión de los embajadores de Malta y numerosos cuadros que representaban la fallida invasión otomana.

Las tres islas de Malta se encuentran en un lugar estratégico en el Mediterráneo, como consecuencia han sido muy disputadas y han estado en poder de fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes y de la Orden de caballeros de Malta. Pero de los turcos no, algo de lo que se sienten orgullosos y que da nombre a la ciudad de Vittoriosa (Birgu).
Fuimos hasta esta ciudad en barquita desde La Valeta. Comimos unos fideos con marisco acompañados de un vino Chardonnay de Malta ‘Caravaggio’ en el restaurante con vistas al puerto RivieraDella Marina.

Para bajar la comida qué mejor que un paseo por la Vittoriosa. Una ciudad tranquila y silenciosa… Excepto cuando pasaba alguien con la música del coche a todo meter.

-Y para terminar, aprovechamos los últimos momentos del día con luz en los Jardines Senglea de Isla (junto a Vittoriosa), en donde capturamos el atardecer.

Os podéis imaginar que aquella noche dormí como un tronco. ¡Pero aún quedaba mucho viaje!

 

 

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