Namibia

NAMIBIA: EL JARDÍN DE ARENA (1ª PARTE)

Debemos estar a tres o cuatro de enero de 2008. La temperatura en el exterior es bastante fría y el Cierzo hace todo lo posible por impedir dar un paseo por las calles de Zaragoza. Recogidos en la cálida atmosfera del Black Horse, justo debajo de nuestras oficinas en la capital maña y, cervezas  en mano, la conversación con mi amiga Isabel gira en torno a temas triviales… esas cosas de las que se hablan cuando uno no sabe muy bien de que hablar. Una mano se posa en mi hombro y al darme la vuelta, veo a mi jefe que me esta mirando. Los ojos le brillan. Le pasa algo. Le presento a Isabel y después del “encantado” y los dos besos de rigor, se sienta con nosotros y me sonríe pilluelo. –“En dos meses nos vamos a Namibia”-. Se levanta a la barra y se pide una cerveza. Creo que en aquel momento se podría haber leído en mi cara un brillante “WTF?”.

Desde que volví de trabajar en el rodaje de “Magic Journey to Africa”, dirigida por Jordi Llompart en 2008  y rodada en el cono sur de África, he tenido ganas de escribir algo sobre esa experiencia, pero nunca he sabido cómo. En aquel momento yo tenía 26 años y poca idea de África en general, y de un rodaje de esas magnitudes en particular, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza echarme para atrás. Lo que aprendí de fotografía (hasta entonces mi gran logro con una cámara Réflex había sido sacar varias docenas de fotos desenfocadas en otra grabación en Barcelona), los paisajes que disfruté, los animales con los que rodamos y la gente que conocí, superó en todo lo imaginable, a lo que yo esperaba de Namibia y de Sudáfrica.

Aún hoy sigo sin saber muy bien qué escribir y qué contar para explicar todo esto, así que, desde el púlpito que gentilmente me presta Inés, prefiero explayarme poco y dejar que las fotos hablen por mí, para que el que lea esto pueda hacerse una idea de lo que yo viví, o de lo que se puede encontrar si decide viajar a este gigantesco jardín de arena.

Con 825.000 kilómetros cuadrados, Namibia es un 50% más grande que España, pero su población es de sólo 2.1 millones de habitantes y está mucho mas densamente poblada en el norte, porque es la zona más húmeda. Transitar por las carreteras  del país, sobre todo pistas de tierra, puede significar que no veas a ningún otro coche en varias horas, lo que convierte el conducir en una delicia, o en un aburrimiento, según a quien se le pregunte. ¡Ah! No te despistes, porque se conduce por la izquierda.

windhoek road

Vistas desde la carretera asfaltada que une Windhoek, la capital de Namibia, con Lüderitz, uno de los principales puertos pesqueros al sur del país

Lüderitz y Kolmanskop:

Lüderitz es una ciudad un poco sosa enclavada justo en el centro del Namib. Con muchos tintes que recuerdan a la Alemania colonial, fue fundada por el coronel que lleva el mismo nombre, quien “compró” los terrenos a la tribu Nama. Hoy Lüderitz es un puerto pesquero y, curiosamente, España es uno de los principales importadores del pescado de la zona, ya que es una de las bases de operaciones de Pescanova en el Atlántico, y aquí tiene dos plantas para el procesamiento de pescado. Muy cerca de Lüderitz se encuentra Agatha Beach, una kilométrica playa en la que, como su nombre indica, si pasas suficiente tiempo rebuscando entre las piedrecillas podrás encontrar ágatas en bruto. No habría mucho más que contar de Lüderitz si junto a ella, a pocos kilómetros no existiera Kolmanskop.

En 1908, mientras trabajaba en la construcción del ferrocarril entre Lüderitz y Aus, Zacharias Lewala, encontró una piedra brillante en el suelo y se la enseño al capataz de obras, August Stauch. Por lo visto, el caso de Zacharias no debía ser el único así que cuando los alemanes se dieron cuenta que la zona era rica en diamantes, declararon una enorme extensión de terreno como “sperrgebiet” o zona prohibida (que dura hasta día de hoy) y comenzó la construcción de Kolmanskop, una autentica ciudad colonial levantada sobre la arena del Namib.

Kolmanskop era una ciudad pequeña, pero vibrante. Contaba con un teatro, casino, piscina, una fabrica de hielo, un hospital y todo tipo de lujos para que los ciudadanos alemanes desplazados a la colonia de África del sudoeste se sintieran como en casa. La extracción de estas gemas no era tal, puesto que las mismas se encontraban directamente en el suelo y debía ser bastante corriente ver capataces alemanes arrastrándose sobre sus panzas por la arena del desierto recogiendo diamantes.

Después de la Primera Guerra Mundial y tras agotar progresivamente el campo de diamantes, comienza el declive de la ciudad, finalizando en 1956, cuando el último habitante la abandona. Desde entonces el desierto ha ido recuperando lo que legítimamente es suyo, y hoy Kolmanskop es una ciudad completamente devorada por la arena.

casa llena de arena

Los restos de una de las casas invadidas por la arena, donde se pueden ver aún los artículos abandonados por los habitantes de la que fuera una próspera ciudad en la Namibia Alemana

bañera namibia

 Como curiosidad, Kolmanskop fue la primera ciudad África en tener tranvía, y la primera del hemisferio sur en tener un aparato de rayos X. La función de este no era para tratamiento médico sino para ser usado sobre los trabajadores de la explotación y así evitar que estos pudieran tragarse los diamantes y sacarlos luego ilegalmente de los terrenos de la mina. Hoy en día, si tienes la suerte de visitar Kolmanskop encontrarás carteles que advierten sobre la ilegalidad de recoger un diamante del suelo (si es que eres capaz de distinguirlo). Si no recuerdo mal, te enfrentas a una dura pena de varios años de prisión y una multa de hasta 200.000 euros (dos millones de dólares namibios).

kolmanskop house

Uno de los edificios de la antigua ciudad. La arena alcanza la altura de los tejados mientras que la cara que no se enfrenta a los vientos que vienen del Namib, se puede ver aún despejada.

Sossusvlei y DeadVlei:

Sossus es una palabra del idioma Nama que se traduce como “sin retorno” o “callejón sin salida”. Dead no es tan complicada; muerte en inglés. Vlei es una palabra afrikaans de difícil traducción al español. Podríamos transcribirla como “pantano” o quizá mas correctamente como “estanque”. Sea como fuere, el “estanque sin retorno” y el “estanque muerto” son las dos mayores atracciones de Namibia, y no es difícil entender por qué.

Sossusvlei es una llanura de arcilla abrasada por el sol y extremadamente dura, rodeada por unas impresionantes dunas de arena roja de hasta 200 metros de altura. Es el punto donde el río Tsauchab “desemboca” en las muy raras ocasiones en las que llueve suficientemente en la zona sur de las montañas Naukluft. Debido a la dureza del suelo, el agua no es absorbida por el terreno en todo el cauce del río, pudiéndose formar en cuestión de horas un fuerte torrente que atraviesa el cañón de sesriem y penetra en el Namib con fuerza, hasta llegar a morir aquí.

Aparte de nuestra película, por lo irreal del escenario, Sossusvlei ha sido imagen en otras muchas cintas como The cell (La celda) de Jennifer López, o Steel Down (El guerrero del amanecer) del desaparecido Patrick Swayze. Sí, lo sé… ninguno de los dos ejemplos es gran cosa como película.

Pinchando en este enlace podéis ver un panorama en muy alta calidad del set de rodaje de “Magic Journey to Africa” en Sossusvlei. Sigue existiendo algo de vegetación que sobrevive gracias a la humedad que traen las nieblas matinales procedentes del Atlántico. Estas plantas pueden crecer en cuestión de horas y morir en el mismo tiempo, así que es posible ver cómo el paisaje vegetal cambia de un día para otro.

acacias sossusvlei

Aún es posible ver acacias vivas en la entrada del Sossusvlei.

 

gorriones

También es posible encontrar fauna como Oryx, Chacales, cuervos y pequeños pajarillos. En la foto unos pequeños gorriones se turnan para beber el agua que gotea de la cisterna de un camión utilizado durante el rodaje.

estanque sin retorno

Un árbol muerto sobre la llanura arcillosa del “estanque sin retorno”

Como anécdota puedo comentar que el que esto escribe tuvo la inmensa fortuna (pues esta prohibido, obtuvimos un permiso especial) de dormir directamente en la base de una de las dunas, puesto que estábamos rodando un plano en timelapse para una de las escenas de la película. Antes de salir la luna, la visión del cielo impecable, moteado de estrellas parpadeantes, es, perdóneseme la expresión, acojonante. El espacio adquiere una dimensión sobrenatural y la sensación que sentí es que trataba de engullirme, de que se caía sobre mí. Hacía mucho tiempo que no dormía tan a gusto.

Al levantarme me dí cuenta de que sobre mi cabeza, a menos de diez metros se veían las huellas de un oryx, mientras que al lado de mi saco de dormir, se podían ver las de un chacal que se debió acercar a averiguar que narices hacía yo allí. No le debió gustar mucho mi olor, porque se fue por donde vino. Por su parte, al oryx tampoco le debió gustar mucho que estuviéramos allí, pues, literalmente, se cagó sobre el set de rodaje al que le estábamos realizando el timelapse.

dormir en el desierto de namibia

El que suscribe esto, durmiendo como un bendito sobre la arena del Namib

Por su parte, El Deadvlei es más espectacular si cabe que su vecino. El “estanque muerto” fue en otro tiempo un oasis formado por los continuos desbordes del Tsauchab, permitiendo el crecimiento de las omnipresentes acacias. Con el paso del tiempo, el clima cambió, y el asfixiante calor y la falta de humedad hicieron el resto.

El Deadvlei esta rodeado por las dunas más altas del planeta, siendo la conocida como “Big Daddy” la mayor de ellas. Su altura media es de 350 metros y, como todos los desiertos del mundo, se desplaza. Por su parte, en la planicie, existen multitud de árboles que parecen petrificados, pero que en realidad están quemados y no se descomponen porque la humedad en el ambiente es nula. Se calcula que la edad de estos árboles muertos es de unos 900 años, y también que en algún momento geológicamente cercano acabarán siendo engullidos por las dunas del Namib.

Acacias quemadas en el Deadvlei

Acacias quemadas en el Deadvlei

cachorros de caracal

Dos cachorros de caracal, participantes en el rodaje de la película, descansan sobre uno de los árboles. Los caracales son unos felinos muy tímidos y escurridizos, y es raro verlos en plena libertad. Sus potentes cuartos traseros les permiten, en edad adulta, saltar hasta 2 metros en el aire para cazar aves en pleno vuelo

fauna namibia

Cuervos de cuerpo blanco y negro habitan tanto Sossusvlei como el Deadvlei y son bastante susceptibles con los intrusos, especialmente si tienen crías como en este caso. El cuervo realiza vuelos picados sobre el caracal tratando de amedrentarlo y evitar que se acerque al nido

Como anécdota os puedo contar que, según los trabajadores de Namib Films (nuestra productora en Namibia encargada de las localizaciones, trámites en el país, etc, etc …), somos las únicas personas en 60 años que han visto llover en el Deadvlei. A mí me suena un poco a leyenda urbana, pero lo que si es cierto es que la media de pluviosidad en esta zona del Namib no llega a 5mm anuales y que ellos parecían tan anonadados como nosotros.

También he de decir que si en algún momento decides visitar esta zona, mas vale que lleves una buena provisión de agua. La temperatura durante el día alcanzó los 46ºC a pesar de estar en el otoño austral; y la media de litros de agua ingeridos por el equipo diariamente, superó tranquilamente los 6 litros por persona. Las temperaturas pueden ser muy elevadas, pero al no haber humedad, la sensación térmica es bastante menor (unos 10º) y la deshidratación se produce mucho más rápido por el efecto de la evaporación.

big daddy

Las nubes al fondo de “Big Daddy” nos depararon una buena sorpresa. Irse a rodar a una de las zonas más áridas del mundo, y tener que cortar media hora por lluvia, no tiene precio.

Continuará…

Mapas de las rutas realizadas tanto en coche como en avioneta:

Ruta por Namibia en coche.


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Ruta por Namibia en avioneta.


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