Marruecos

Marruecos: Meknes – La ciudad del Rey guerrero

Atardecer sobre la plaza Lahdim desde la terraza de una cafetería.

Meknes: Atardecer sobre la plaza Lahdim desde la terraza de una cafetería.

Si los cuarenta kilómetros de impresionantes murallas que rodean la ciudad imperial de Meknes pudieran hablar, seguramente lo harían sobre un personaje tan importante para Marruecos como cruel para con sus súbditos. Hablarían de decapitaciones, concubinas y servidumbre. Hablarían de inmensos ejércitos de esclavos cristianos. Hablarían, en definitiva, del Alaouita Ismail Ibn Sharif, el rey guerrero.

Ismail, el segundo hijo del Sultán de Marruecos, heredó un país muy fragmentado en tribus bereberes y beduinas a la muerte de su hermano, Al-Rachid, que no pudo recuperarse de las graves heridas sufridas tras caerse de su caballo. Nada más llegar al sultanato, Ismail decidió trasladar la capital desde Fez a Meknes, y ordenó rodear la ciudad por sus famosas murallas y construir un gigantesco palacio, levantado por un ejército de 25000 esclavos obtenidos mayoritariamente en asaltos piratas a barcos europeos. Desde Meknes, el sultán Ismail pugnará con puño de hierro por consolidar las fronteras del incipiente estado de Marruecos del asedio Otomano desde Argelia, y de la injerencia Europea, a la que arrebatará las ciudades de Tánger a los ingleses, y Larache y Mamoura a los españoles.

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mausoleo moulay Ismail

Meknes: El mausoleo del Moulay Ismail, dentro la soberbia mezquita que lleva el mismo nombre, y una de las pocas en Marruecos donde pueden acceder las personas que no profesan la religión musulmana.

Llegamos a Meknes en tren procedentes de Fez en un corto trayecto de apenas una hora, y acertamos decidiendo ir al hotel continental, (15 euros por noche la habitación doble, baño compartido) un sitio limpio, correcto y céntrico, muy cercano a Bab-el-Mansour. Aunque hay varias entradas que dan acceso al interior de la muralla, esta ornamentada puerta está considerada una de las obras más bellas de Ismail y es además la más grande de Marruecos y de todo el norte de África. Es una de las obras que hacen de Meknes, la “Versalles de Marruecos”, patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 1996.

bab-el-mansour

Bab-el-Mansour, la enorme puerta de acceso al interior de la muralla de Meknès

Comenzamos nuestra andanza por la ciudad en el zoco, con sus clásicas tiendecillas y su entramado de callejuelas estrechas y descubrimos con agrado que, al contrario que otras ciudades marroquíes con más renombre,  el turismo no ha hecho tanta mella en Meknès y posee quizás un sabor más genuino y mucho menos enfocado a la caza del foráneo. La gente nos miraba con una mezcla de curiosidad o con simple indiferencia mientras paseábamos con nuestras cámaras y los niños, en lugar de pedirnos caramelos o dinero, nos daban indicaciones sobre dónde encontrar diversos monumentos, como la Madraza Bou Inania, una maravilla arquitectónica árabe.

Inés de paseo por la Medina

Inés de paseo por la Medina de Meknes

Construida alrededor de 1350, la Madraza Bou Inania era una escuela pública y religiosa musulmana con  alumnos llegados de todos los rincones del mundo árabe, que se encerraban en pequeñas habitaciones compartidas a estudiar tanto el Corán como otras materias como matemáticas, astronomía etc… Dependiendo de la categoría social a la que perteneciera el estudiante, podría disfrutar de unas comodidades más o menos amplias. Los estudiantes de áreas rurales y familias pobres tenían menos medios y un peor estatus social, lo que hacía sus vidas en las espartanas habitaciones mucho más dura.

madraza meknes

Meknes: Inés en una de las pequeñas habitaciones para el estudio que dan al patio interior de la Madraza

bou inaia

Meknes: El patio interior de Bou Inania decorado con mosaicos de cerámica y un tejado de madera labrada

ornamentos arabes

Meknes: Detalle de los ornamentos de la madraza, con suras y frases religiosas islámicas en la cerámica y los ornamentos naturales labrados en el yeso

El sultán comenzaba desde aquí a gobernar un poder emergente. Tras aplastar las rebeliones bereberes y beduinas, a las que no les gustaba demasiado que un extranjero gobernara sus tierras (la dinastía Alaoui no es originaria de Marruecos) recluto un enorme ejército de cuya cabeza visible era la “guardia negra”. Esta guardia era una formación de soldados de élite reclutados entre esclavos traídos del África subsahariana y se calcula que hasta 150.000 hombres sirvieron en este cuerpo del ejército marroquí. Estaban muy bien entrenados por oficiales franceses ya que ya que, al ser un enemigo tradicional de España, Ismail poseía muy buenas relaciones con Luis XIV, el rey sol, al que incluso llegó a pedirle la mano de una de sus hijas legítimas. Ana María de Borbón se negó rotundamente,  obligando al monarca francés a rechazar de muy buenas maneras la oferta. A cambio, Luis XIV obsequió al trono de Marruecos con el servicio de ingenieros y militares galos y una curiosa colección de objetos que se pueden admirar en la tumba del Moulay.

Otra de las puertas de entrada a la zona del viejo Palacio y el Mausoleo

Meknes: Otra de las puertas de entrada a la zona del viejo Palacio y el Mausoleo

Pero Ismail tenía una oscura afición. Su brutal fama se debe a que el Moulay gustaba de ejecutar ingentes cantidades de esclavos y prisioneros, muchas veces con sus propias manos. Se calcula que los ejecutados por el propio Sultán podrían ser unos 36.000 en 20 años. Acusados de vagancia, desidia, insubordinación o simplemente por apetencia, los esclavos eran torturados en la enorme prisión de Habs quara, y posteriormente eran sacrificados en la plaza El-Hedim para dar público ejemplo. El embajador francés en Marruecos aseguró una vez que el sultán le recibió empapado en sangre hasta los codos y, sin dar ninguna importancia a su macabro aspecto, le ofreció asiento. Acababa de cortarles la garganta a dos de sus esclavos. También era muy aficionado a decorar las murallas de Meknes con las cabezas de los enemigos caídos en batalla y que en cierta ocasión hasta 10.000 testas humanas atestiguaron mudas sus gestas en combate. Se cuenta que en una ocasión, recibió a un capitán corsario a su servicio, y este le ofreció como regalo un hacha especialmente afilada. Ismail se dio la vuelta y la clavó en el pecho de uno de sus esclavos. Le gustó el resultado. “Mis súbditos son como ratas en una cesta, y si no la sacudo constantemente, acabarán royéndola” afirmó en cierta ocasión el Sultán.

habs quara

Meknes: Las escaleras que conducen a la cárcel subterránea de Habs quara, cerca de la puerta de Bab Mansour

Y si tanto le gustaba la muerte, lo mismo podría decirse de la vida. Ismail tiene la curiosa marca mundial, según el «guinness world records«, de haber sido el hombre más fértil de la historia. Con 549 esposas oficiales y un sinfín de concubinas (número que podría ascender a la nada desdeñable cantidad de 4000). Sus mujeres procedían de las más variadas nacionalidades e incluso que la décima fue una irlandesa de la que se sabe poco más que el apellido: Shaw. Con este círculo femenino a su alrededor, el Sultán de Marruecos engendró la enorme cifra de 876 hijos varones. Haciendo honor a su apodo, “Safaq Adimaa” o lo que es lo mismo, el “sediento de sangre” ordenaba que sus hijas fueran estranguladas nada más nacer. Pero es que sus hijos no corrían mucha mejor suerte ya que si al Sultán le desagradaba demasiado su comportamiento, ordenaba que fueran desmembrados. De estos, sólo 32 alcanzaron el rango de príncipes. Se calcula que para engendrar tamaña cantidad de progenie, Ismail debió yacer con una media de 4.8 mujeres diarias durante cuarenta años. Cada una de sus concubinas tenía asignado un eunuco personal y una esclava que las sirviera pero no era muy amigo de que se conocieran entre ellas. Si se les ocurría tener contacto mutuo, el Moulay ordenaba que les fueran extraidos los dientes como castigo. A la edad de 30 años eran despedidas y pasaban a un harén distinto.
Continuamos nuestro paseo por Meknes caminando entre las murallas hasta llegar a la mezquita y el Mausoleo de Ismail. Este templo es uno de los pocos en Marruecos en los que las personas que no profesan la religión musulmana pueden entrar libremente (y gratuitamente) porque es un lugar que no está destinado a la oración sino que es la tumba del rey Alaoui. Construida con muchos espacios vacíos, los clásicos azulejos con mosaicos árabes, intricados dibujos en el yeso labrado y bóveda de madera, la mezquita tiene un curioso tinte europeo y es que al rechazar la propuesta de matrimonio del Sultán, Luis XIV se vio obligado a hacerle un generoso regalo  y, amén de los ya mencionados militares e ingenieros,  estos son relojes que siguen funcionando desde hace casi cuatro siglos y que ponen la nota sonora en el silencio de su mausoleo.

mausoleo ismail

Meknes: El mausoleo de Ismail, donde se pueden ver a derecha e izquierda dos de los relojes de factura francesa

Después  de andar por una impresionante calle de unos 600 metros con los muros fortificados a derecha e izquierda y sólo un minúsculo trozo de acera reservado a los caminantes, llegamos a la puerta del palacio imperial, el cual nunca fue acabado a pesar de los esfuerzos del Moulay,  y descubrimos que el acceso estaba prohibido porque sigue perteneciendo a la monarquía marroquí y las visitas no están permitidas. Nos tuvimos que conformar con la foto de rigor en la puerta y seguir caminando por el contorno del mismo, sin saber que los jardines árabes sí son visitables (y, por lo visto, de manera gratuita). Aunque hoy estos son un campo de golf, siguen conservando parte del trazado y la estructura arquitectónica del parque original y están cuidados con esmero.

Tras rodear los campos de golf sin saber muy bien lo que contenían, aterrizamos en el estanque de Agdal. Ésta es una enorme piscina de 320 metros de largo, 215 de ancho y dos metros de profundidad construida por el Sultán  para dar de beber a los 12.000 caballos que los establos aledaños podían albergar. También se pueden visitar a su lado las ruinas de los graneros de la ciudad, los cuales, cuando estaban a rebosar (casi siempre) podían alimentar a la población de la ciudad durante un asedio de tres meses. En 1755, el brutal terremoto que sacudió Meknes destruyó las caballerizas y los almacenes y causo un daño irreparable a muchos otros edificos históricos, perdidos para siempre. Gran parte de estos mismos monumentos estaban construidos o adornados con el mármol procedente de las ruinas de Volubilis, también patrimonio de la humanidad, a unos treinta minutos de la ciudad.

El estanque de Agdal

Meknes: El estanque de Agdal con las ruinas de los almacenes de la ciudad al fondo

caballerizas meknes

Meknes: Inés, su botella de agua y un pequeño inquilino en uno de los pasillos desde las caballerizas de la ciudad

Las ruinas de uno de los pasillos de los graneros

Meknes: Las ruinas de uno de los pasillos de los graneros. Como este pasillo, a ambos lados hay unos 20.

Finalmente, como ya se nos echaba encima la tarde y había ganas de descansar un rato, cogimos un taxi y nos dirigimos de vuelta a la plaza de El-Hedim (o Lahdim), la plaza principal de la ciudad, la plaza de las ejecuciones de Ismail. Al igual que la gigantesca Djema-el-fnaa, su homóloga del sur, en Marrakech, El-Hedim también concentra la vida de la ciudad tras caer la tarde. Soplafuegos, saltimbanquis, trileros, intérpretes callejeros, humoristas, decidores de verdad y seguramente también de mentiras, músicos,  lectores de manos, encantadores de serpientes, vendedores de de perfume y elixires afrodisíacos que te garantizan el amor eterno o pócimas contra el mal de ojo y también pequeñas viejecillas arrugadas ofreciendo cigarrilos sueltos … en El-hedim cabe todo, pero no directamente apuntando  al turista. Son marroquíes los que se acercan a la plaza a sorber un zumo de naranja y ver actuaciones de grupos de teatro, rodeando a los intérpretes dando palmas y mostrando amplias e irregulares sonrisas. Es el lugar donde los la gente de Meknes va a pasar un buen rato después de un día de trabajo, donde pesa un poco sacar a relucir la cámara y donde el idioma que predomina abiertamente es el árabe.

Paseamos un rato entre los distintos grupos que se arracimaban en la plaza dónde pudimos ver una  obra cómica teatral de la que, obviamente no entendimos nada. Poco después nos acercamos a otro grupo donde dos niños  ingleses eran fruto de los trucos de un mago bajo las risas, tanto de la muchedumbre como de su propio padre. Los pobres críos no parecían estar pasándolo tan bien como los cincuenta o sesenta locales que los rodeaban  y más adelante un soplafuegos que nos vio sacándole fotos, nos pasó el sombrero y nos agarró a los dos de la mano y ante la multitud marroquí nos obligó a bailar con él (Sí, vale, a Inés más que a mí) y a ponerle las manos por turnos en la cabeza mientras bebía de una botella y ejecutaba su truco. Poco a poco la noche iba cayendo y decidimos ir a cenar unas salchichas picantes y unos pinchos morunos en uno de los pequeños bares en torno al hotel donde nos recibieron con una comida caliente y una amplia sonrisa. Al día siguiente tocaba coger tren de camino a Marrakech, así que dimos un pequeño paseo mas y nos retiramos al hotel dónde,  después de comentar el día, nos fuimos a dormir con la impresión de haber vivido una gran jornada de viaje.

payaso en la plaza

Meknes: Una obra cómica en la calle. Nosotros no entendíamos nada, pero los propios marroquíes se morían de risa

Los dos pequeños ingleses con cara de circunstancias

Meknes: Los dos pequeños ingleses con cara de circunstancias

soplafuegos

Meknes: Inés con el soplafuegos… el calor que desprende la llamarada no es para tomárselo a broma

A su muerte, las fronteras de Marruecos se extendían desde Mauritania hasta los confines de Argelia. Sus 32 hijos con título principesco se dedicaron a combatir y despilfarrar la herencia de su padre, disputándose cruentamente la corona durante los siguientes cincuenta años. Ismail Ibn Sharif fue un Sultán sanguinario y de pocos escrúpulos, pero también fue la figura que afirmó la soberanía Alaoui sobre la región y que estableció las bases para un futuro Marruecos y para entender parte de lo que hoy es nuestro vecino del sur. Meknes, la cuarta ciuda imperial, es parte de su legado.

 

Bab-El-Mansour y la plaza El-Hedim desde una de las terrazas en la esquina de la plaza

Referencias:

http://www.royalark.net/Morocco/morocco3.htm

http://saharamonitor.net/the_moroccan_royal_family.html

http://schools.webster.k12.mo.us/education/projects/projects.php?sectionid=4152

http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,893046,00.html?internalid=ACA

http://es.wikipedia.org/wiki/Isma%C3%ADl_de_Marruecos

http://en.wikipedia.org/wiki/Ismail_Ibn_Sharif

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