Túnez

Un día y una noche en el desierto de Túnez

Descendiente de esclavo

 

Qué hacer en el desierto de Túnez

Llegar a Túnez en pleno octubre es recibir un sopapo de calor nada más bajar del avión

Tras haber viajado hacia el gran sur del país, puedo decir que el único riesgo que hay es que no quieras volver a casa.

Muchos piensan que el desierto no es más que un caluroso secarral en el que a uno se le va la vida por los poros. Pero no es cuestión de lo que el desierto te da en un primer momento, sino de lo que tú puedes hacer con él. Ahí está la magia.

Tatatouine

Tataouine

 

 

Decidí que una manera emocionante de recorrer las dunas era hacerlo en quad. Nunca había conducido uno. Hay que saber que la amplitud de movimiento del manillar es mayor que en los casos de una moto o una bici. También hay que hacer fuerza cuando giras. Y lo más importante: ante la duda, acelera. Ese fue mi error, en plena duna sentía que iba muy deprisa y frené. El quad volcó y yo con él.

Entonces pensé que otra manera más light de conocer el desierto podría ser el camello. Sí, al estilo de los Reyes Magos.

camellos en douz

Los pastores viven de llevar a turistas a lomos de sus camellos

 

De todas maneras no hay que pensarse que en un camello uno está a salvo. Una vez te has subido a su lomo, cuando se levanta, sube primero las patas delanteras, y ahí corres el riesgo de caer hacia atrás. Por el contrario, cuando se va a sentar dobla primero las patas delanteras y ahí amigo, si que o bien te agarras o te comes el suelo. Además estos bichos se contonean como modelos de la Cibeles, por lo que si no acompañas con la cadera este movimiento al día siguiente tendrás las agujetas de tu vida.

No dejaba de vivir el desierto y seguía explorando el gran sur. Tuve una mala pero divertida experiencia con el quad y unas terribles agujetas con el camello. Y me dije, ¿y si pruebo algo más socorrido? ¡El jeep! Sí, un 4×4 podía ser una buena opción.

Y así duna arriba duna abajo llegué a Tatauine, un antiguo poblado bereber que había servido como punto de defensa. Siguiendo otras huellas de jeep llegué a Ong jmel, lugar donde está el famoso decorado de Star Wars: La amenaza fantasma.

star wars tunez

Ong Jmel, decorado de La Amenaza Fantasma

 

Tan famoso que hasta se vino de turismo una tormenta de arena. Cuando estas tormentas se están aproximando ves como el cielo comienza a oscurecerse por el horizonte para ir copando toda la atmósfera hasta que te das cuenta que tienes todo el marrón encima. Y entonces una ventolera te escupe arena, que es tan fina como la harina pero más afilada que un cuchillo. En estos casos tienes dos opciones: o huyes o te rebozas. Como no tengo vocación de croqueta me subí al jeep y el conductor aceleró.

La noche se echó encima. Aquellos que viven de llevar turistas en su jeep saben orientarse perfectamente en el desierto. El problema es que el desierto no es un paisaje estático como una montaña porque el viento mueve la arena y cambia las dunas. Así que de nuevo, duna arriba y duna abajo y llegamos… llegamos… esta vez llegamos a la nada porque nos perdimos.

perdidos en el desierto

Perdidos en el desierto, decidiendo qué hacer

 

Cuando no hay  luz de ningún tipo, y has dejado lo suficientemente atrás la civilización como para que no haya contaminación lumínica el cielo se descubre tal y como es: arriba hay muchas más estrellas de las que vemos desde la ventana de casa, hay tantas que no necesitas linterna para moverte y puedes ver con nitidez el lunar que tiene tu compañero en la mejilla. En el cielo además se distingue un rastro blanquecino, como si hubiera pasado un avión gigante que no es otra cosa que lo que alcanzamos a ver de nuestra galaxia. Ese es el cielo que ven los bereberes todas las noches.

La noche en el desierto, como veis, también se puede vivir. Y como es noche, también se puede dormir. Qué mejor manera de descansar que hacerlo en una jaima.

jaima por la noche

Jaimas alumbradas por velas

 

Como cuando llegué, ya tarde, el efecto invernadero que se produce durante el día había desaparecido y se podía dormir a la luz de una vela. El amanecer que ves al día siguiente con la arena entre los dedos de los pies descalzos ilumina el desierto paulatinamente y le va dando contorno a las dunas que lo componen. Me fui pensando en volver a su calor que al final resulta acogedor.

Ay, el desierto no tiene horizontes. Es infinito.

 

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