India

BOMBAY (Mumbay), India

 

04:00 a. m. Es de noche y el avión ha descendido casi del todo, estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Bombay. De repente el aeropuerto desaparece, incluso la pista. ¿Dónde está? Ah, no, que ha habido un apagón y claro, ya no se ve ni la pista. Ese sería el primer apagón de luz que presenciaríamos en la India, pero es que ¡ha sido antes de llegar!

Entramos a la terminal y la primera imagen con la que nos deleita la India es la siguiente.
Un cartel que dice bien grande “Work in progress”, debajo dos policías durmiendo.

Pasamos por inmigración y vamos a la cinta de los equipajes en una sala que tenía el techo destrozado. Cuando digo destrozado es destrozado.

Como cándidos novatos, no nos atrevíamos a salir del aeropuerto de noche y esperamos a que empezara a amanecer. Estuvimos hablando con un indio que venía de estar dos años como profesor de universidad en Barcelona y que ahora se volvía, porque no le habían renovado el contrato.

Cogemos un taxi mediante el prepago del aeropuerto. Más tarde nos daríamos cuenta de que es mejor pasar de eso e intentar regatear con cualquier taxista. Nos dirigíamos al barrio de Colaba, en el centro, para buscar un hotel.

El camino en taxi fue muy impactante
. Mucha gente durmiendo en la calle, barriadas de chabolas mugrientas y el cinismo de poner entremedio carteles comerciales de telefonía o televisores de pantalla plana; rascacielos que se han quedado viejos antes de terminarlos y casas podridas.

Pienso que no hay nada más terrible que la pobreza que se da en la periferia de una gran urbe, pues sus habitantes carecen de los recursos naturales que les puedan cubrir aquellas necesidades básicas, sino que se tienen que contentar con los desechos de los ciudadanos en unas condiciones muy insalubres.

De repente, estamos en un mercado de frutas y flores. Apenas había amanecido, ya estaba la calle abarrotada de gente y puestos de todos los colores (y olores). El taxista hacía esfuerzos por pasar entre medio, pues parece que no soportan conducir despacio. Es mundialmente conocida la temeridad con la que conducen los indios; en una ocasión en la que pasamos entre un camión y un coche, pude ver pasar mi vida en Power Point, así que decidí no mirar más adelante.

Cuando llegamos a Colaba un señor con la peor dentadura que he visto en mi vida, nos perseguía y es que Andrés firmó nuestra sentencia de muerte al darle unas rupias. Incluso en una ocasión que fuimos a desayunar al bar Leopold (recientemente destrozado por los ataques islamistas), el hombre nos esperó en la entrada a que saliéramos. Le apodamos “El Dientes” y debía ser conocido por la zona, porque cuando nos persiguió hacia el hotel, le cerraron las puertas en las narices.
Al cabo de unos días desapareció, probablemente muriera, ni idea.

Nos quedamos en el hostal Volga II. Nuestra habitación era un cuchitril mugriento en el que a duras penas nos metimos los cuatro. A mí me daba reparo acercarme mucho a la pared y sobre todo abrir la ventana, porque había una microfauna en el marco a la que sólo les faltaba saludar por las mañanas.
En el mismo hotel me duché con un cuervo mirándome por la ventana. Temí que me sacara los ojos.

Nos echamos a dormir y me eché la bronca mentalmente por ser tan niñata. Por haberme sentido capaz de viajar por la India, y ahora estar asustada y divagando me quedé dormida. Al despertar los pensamientos negativos habían desaparecido y ya sólo quería ver la ciudad. Y la verdad es que Bombay por la tarde, es muy diferente a Bombay al amanecer; está abarrotada de gente, llena de tenderetes, coches y con mucho más ruido.

Salimos a pasear por esta ciudad de 22 millones de habitantes. Probablemente más, porque es difícil mantener un censo en la India. La ciudad es el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo, Bollywood, a la que acabaríamos conociendo.

Fuimos a la Puerta de Bombay, en donde se encuentra una gran plaza con todo tipo de vendedores. La Puerta de Bombay fue construida en honor a la visita que hicieron Jorge V y Maria von Teca a la India en el año 1911. Irónicamente, éste fue el lugar elegido por los británicos para dar el adiós definitivo a la India.


Enfrente están los hoteles más lujosos, como el Taj Mahal Hotel y tiendas de lujo. De repente nos pilló el monzón pero como queríamos ver más, no volvimos al hotel, y nos mojamos enteritos. Llevábamos chubasquero, pero éste no funciona con tanta humedad. Lo mejor es utilizar un paraguas, que es lo que usan ellos. Por cierto, me gusta cómo visten las mujeres, cada sari es diferente y siempre queda elegante. Así como sus melenas negras y brillantes. Se lo comento a Asun y me cuenta que, de hecho, la India es un gran exportador de cabello para pelucas.

El atuendo de los hombres, lo mencionaré más adelante.


Seguimos caminando por unas calles coronadas por inmensos árboles y edificaciones inglesas de la época colonial: no han sabido cuidarlas, pero podemos hacernos una idea de cómo pudo haber sido Bombay a principios del siglo XX. Me doy la vuelta y veo a Andrés hablando con un hombre, que le intentó meter un alambre por la oreja. Asustado vino corriendo y nos reímos de que alguien hubiera intentado violarle el oído. Lo que ocurre, es que aquí existe un oficio llamado “limpiador de orejas”. ¡Pero deberían avisar!

Cuando ya no sabíamos qué hacer, fuimos al cine Regal, el más importante de Bombay, a ver la película India “Rock on”. Primero hubo anuncios, advertencias legales como “no te bajes la música de la película, compra el CD” y de repente, los espectadores se habían puesto en pie y cantaban el himno de la India, mientras una bandera en 3D ondeaba en la pantalla.

El film resultó ser La Película Definitiva. Tenía de todo: acción, amor, celos, música, lujo, fiestas, persecuciones, peleas… ¡Por eso duró tres horas!

Unos meses más tarde, escucharía la banda sonora de esta película en Radio La Granja (Zaragoza, 102.10), me hizo mucha ilusión, me entraron ganas de correr al estudio y pegarles un abrazo a los simpáticos fumaos que ahí trabajan.

Después de este empacho fílmico fuimos a tomar unas cervezas Kingfisher a un bar en el que había que pagar 10 rupias por cada canción que quisiéramos escuchar con la jugbox. Cerveza a cerveza, canción a canción estuvimos haciendo el bobo hasta que el sueño pudo con nosotros. De camino al hotel, una imagen triste se extendía a lo largo de la calle. Mujeres, hombres, bebés, adolescentes: familias en definitiva malvivían en la calle. Su casa no era más que alguna bolsa de plástico y una sábana en el suelo; y a veces ni eso. Algunos ponían un plástico atado a la pared yal suelo, para cobijarse bajo el espacio triangular que queda entre medio. Como para tener algo de intimidad que confiriese algo de dignidad a ese minúsculo espacio, que era una vivienda familiar.

En cuanto llegamos a nuestro cuchitril, comentamos lo que habíamos visto en el día, demasiada información en tan poco tiempo. Cuando apagamos la luz recibí un sms de mi padre. Había aprobado todas las asignaturas. Lo que quiere decir que he terminado la carrera. El mensaje me había sacado de la India, para transportarme a mi mundo, aquel en el que están todas las necesidades cubiertas y nos alegramos por cosas como terminar la carrera. No creo que ninguna de las pobres familias que acababa de ver, pudieran algún día alegrase por algo así. Espero el día en el que las cosas cambien para ellos. Nosotros sabemos que aunque estemos “en crisis” siempre vamos a tener de todo, lo que nos hace a veces ver las cosas desde fuera, en vez de pensar que si hemos nacido en el primer mundo, ha sido una cuestión de suerte, no de méritos.

Volvamos a asuntos más alegres.

Al día siguiente me levanté a comprar algo para desayunar y un chico me paró para decirme que si quería ser extra de Bollywood. Mmmm, ¡claro! Por supuesto apunté a mis amigos.

Lo que se hace aquí, por lo que hemos hecho en dos ocasiones, es que te paran por la calle en Colaba, te apuntan en una libreta y te hacen prometer que al día siguiente estarías a cierta hora en el McDonalds. Tras esto hicimos una visita a la isla Elefanta que está a media hora en barco y a la vuelta, nos sentamos a ver la puesta del Sol en la playa de Chowpatty.

Ahí produjimos una pelea por culpa de nuestra ignorancia. Primero una niña muy pequeña nos rondaba y Andrés le dio una propina. Entonces vino otro niño a pedirnos.

Como no había comido nada en todo el día, me compré una mazorca de maíz y cuando fui a darle la mitad, otra niña más espabilada la cogió y comenzaron a pegarse.

Cuando ya nos íbamos nos siguió el niño que se había quedado sin nada y mi amigo le soltó 60 rupias, que es bastante como para una limosna.
Al cabo de un rato fue el colmo, nos vino un chaval de unos siete años con un bebé en brazos para dar más pena. Lo peor es que aquí son tratados como perros, casi no hay diferencia; y es lo que más me ha dolido: que se traten e los niños como si fueran animales, cuando ellos son lo más bello que hay en este mundo, y también, los más indefensos.
De lejos vimos que el niño fue a hacerle chinchar a la otra, y se pegaron.
Repito: dar limosnas a los críos no hace nada bueno.

 

A la vuelta, habían cerrado la carretera principal en ambas direcciones y se había montadoun atasco impresionante. Si los indios ya son tan aficionados a tocar el claxon porque sí, en esos momentos no se podía oír otra cosa, más que bocinas. Un estrépito apoteósico, del que me arrepiento no haber hecho un vídeo.

Le pregunté a una pareja el motivo de este caos y me dijeron tranquilamente, que venía un político a hablar a aquellas gradas. Como mis amigos estaban cansados no nos quedamos a ver el miting, pero me hubiera gustado.

Estoy escribiendo estas líneas, tiempo después de que Bombay sufriera los atentados islámicos. Algunos lugares que he descrito quedaron destrozados, como el bar Leopold; y otros quedaron cubiertos de sangre, como la estación Victoria. La información que hemos recibido en España, se centraba en Esperanza Aguirre y en que no había ninguna víctima -mortal- española.

Han muerto unas 190 personas de nacionalidad india, italiana, alemana, australiana, japonesa, británica, etc. Pero tranquilos, que españoles ninguno. ¿Por qué sólo nos parece importante lo nuestro?, ¿A mí qué me importa que la Espe tenga un trauma, mientras han muerto 190 personas?
Es más, he visto algunos titulares, como el de el Periódico. com que decía “Esperanza Aguirre e Ignasi Guardans, sorprendidos por varios atentados en Bombay“. ¿Por qué le dedican más tiempo a esta señora que a profundizar en el atentado y sus causas?
No estamos bien informados y parece que lo aceptamos; así que no puedo decir nada que no haya visto en los medios.

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