Estonia

TARTU, Estonia

Me desperté dando tumbos en el hostal de Riga, para viajar a Tartu, la ciudad más importante de Estonia tras la capital. Coincidí en el pasillo con la gente que llegaba de fiesta y nos despedimos con abrazos y “te echaré de menos” en distintos idiomas.
Tomé un bus a las 8:30 por 10,90 Lv ó 15,50€.
Llegué a Tartu a las 12:30. Todos los carteles estabam en un idioma incomprensible; pero quería comer algo. Me dirijí a un puesto de comida y me encontré con el siguiente cartel y una tendera que no sabía inglés.

 
Como siempre, queda lo de señalar con el dedo -lo que sea-, que de todos modos me daría algo de comer, no creo que me vendiera un paquete de tornillos. Al final comí una especie de Kebap, sentada en un bonito y florido parque, esperando a que llegar Karl, el couchsurfer que me iba a alojar.
Cuando vino no me reconoció y pasó varias veces delante de mí, supongo que tenía peor aspecto que en mi perfil de couchsurfing, es lo que pasa cuando se está de viaje. Lo de cuidar la imagen se vuelve algo menos que secundario. Fuimos al supermercado y después a su casa. El camino a su casa no tenía nada que ver con el cuidado centro de Tartu. Algunas calles estaban sin pavimentar y otras viviendas de madera parecía que se iban a caer por momentos. Vi una niña de unos once años vendiendo periódicos.

(La foto es del centro)

Karl vívía en un pequeño piso para un persona, eso sí, con su buen ordenador y pantallaza; se nota que estudia Ingeniería Informática. Como ambos estábamos cansados, nos pusimos a ver una peli. No sé cual, pero era una japonesa en blanco y negro en versión original con subtítulos en inglés. Me quedé sobada a los pocos minutos y no volví a despertarme cuatro horas después. Se debió pensar que era una chica extremadamente aburrida y no me extraña. Poca conversación le debí dar.

Cuando me desperté me preguntó si quería salir de fiesta. ¡Claro que sí!
Tras tomar unas cervezas en el parque junto a su casa nos fuimos a una fiesta de anime japonés. La gente iba disfrazada y repartían sushi. De pronto empezaron a poner música de Estopa y flamenco a lo que la gente intentaba bailarlo. Recapitulemos: Estonios disfrazados de dibujo manga bailando flamenco.
Cuando nos aburrimos cambiamos de bar. Se empeñó en ir a uno que decía que estaba muy bien, pero no le dejaron entrar. Me dijo: “seguramente nos han echado porque me intenté ligar a la novia del portero”. Me parece razonable.

Al día siguiente me fui a ver la ciudad. Y me encontré con lo siguiente:

-La casa más antigua de Tartu en la esquina entre las calle Jaani y Lai, del siglo XVIII. Se puede entrar a cotillear, los muebles siguen ahí, incluso hay una jaula con dos canarios, que digo yo que los habrán ido renovando.

-En la misma calle, la Jaani Kirik (o iglesia de San Juan).

La Universidad de Tartu, fundada en 1632 por el rey sueco Gustavo Adolfo II. Tartu es la ciudad estudiantil de Estonia; el 20% de su población son estudiantes (sobre 100 000 habitantes).

-El Ayuntamiento y su Plaza Roja, rodeada de cafeterías. Lo más destacado es la fuente de los dos estudiantes besándose, que se convirtió en el símbolo de la ciudad.

-Crucé el río por el puente que sigue por la calle Raekoja Plats. En la otra orilla había mucho bullicio, restaurantes y tenderetes de todo tipo, sobre todo de canoas, cañas de pescar, etc. Apareció “un barco pirata”.

Cuando vi que no le podía sacar más jugo a una ciudad de estudiantes en agosto, me despedí de Karl y tomé un bus hacia la capital, Tallin.

Termino con la típica señal de tráfico que cada vez que la veo pienso en Jack Nicholson intentando no pisar las líneas del paso de cebra.

 

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