India

La cena de Navidad: carta de un misionero en la India con mucho humor

 

He recibido una carta (sí, una carta) de mi amigo Joaquín desde la India. Un misionero navarro que lleva un internado con más de 300 niños en una región aislada de la India. El cirstianismo representa a sólo un 1% de la población de la India; y como procede en esta época del año, también celebran la Navidad. Joaquín nos narra una de sus experiencias navideñas con mucho humor. Os muesto su carta, previo permiso suyo:

Querida Inés,

En la Misión de Ankleshwar celebramos La Navidad por separado en cada uno de los pueblos que visitamos. El año pasado tuve la suerte de celebrar la Navidad en un pueblo llamado Rayna el día 26 de diciembre. Como se turnan para darme de cenar, al llegar al pueblo suelo preguntar dónde es la cena y así visito las demás familias y dejo esa casa para el final. Cuando me dijeron que cenaba en la casa de Umeshbhai no pude menos de sonreír: seguro que tendré cordero para cenar. Os cuento.

Umeshbhai es un hombre buenísimo, humilde, trabajador, fiel, con una perenne sonrisa en su rostro. Se gana la vida criando y vendiendo cabras, pero tiene un pequeño conflicto personal: nunca ha podido decidir si quiere más a sus hijos o las cabras que les alimentan. Las susodichas se comportan como auténticas dueñas del hogar pues andan sueltas por toda la casa que consiste en dos humildes cuartitos y una cocina. Un día le visité porque estaba enfermo y me lo encontré tiritando de fiebre en un camastro con cuatro cabras acurrucadas junto a él dándole calor… y pulgas.

En fin, terminada la misa, los bailes y demás folklore llegué a la casa y me descalcé en la entrada. Su buena mujer ya me había puesto una esterilla en el suelo donde me senté dispuesto a cenar. Enseguida puso delante de mí un gran plato de metal en el que había una apetitosa y picante cena vegetariana. No hice más que cerrar los ojos un momento y santiguarme cuando me vi rodeado de sus famosas inquilinas que me miraban con ojos ansiosos. Eché mano al plato y en un santiamén tres o cuatro cabezas empezaron a picotear lo que más les apetecía, una por delante otra por la izquierda, otra por el otro lado… Miré hacia arriba y vi a Umeshbhai sonriendo plácidamente y me di cuenta que es así como debe de comer él todos los días: compartiendo con sus queridas cabras el alimento diario. Me apresuré a comer algo, pero las dichosas cabritas fueron más rápidas que yo y me quedé casi en ayunas. Bueno, no importa, que de hambre no me muero. Me volví a santiguar, les di las gracias y salí para calzarme.

Era ya de noche y estaba oscuro en la entrada. Tanteé para encontrar mi calzado y nada más meter los pies, noté que aplastaba unas cositas blandas y calientes. Qué asco, las malditas cabras me habían dejado unos regalos dentro del calzado como si dijeran: puesto que hemos comido de tu plato… ¡¡descargamos en tus zapatos!!

Cuando veáis un Belén con ovejitas junto al pesebre, acordaros de este misionero que a pesar de algunas cenas de ayuno se siente feliz de estar aquí al servicio de gente tan buena como Umeshbhai.

 

En el 2008 visité el internado en el que muchos chavales reciben alojamiento, comida, educación y mucho cariño. Son niños adhivasis -sin casta-. Se les recuerda que son personas dignas y además, cuando superan el décimo curso, pueden pasar a estudiar formación profesional y poder valerse por sí mismos. Si queréis saber más sobre la organización podéis ver este vídeo o leer el post que escribí en su día.

Además también expliqué cómo apadrinar un niño, sólo hacen falta 100 al año (o 0,28€ al día) y escribir un email al padre Joaquín: tachito_india ( a ) yahoo.co.in

Para más info, pincha aquí.

Gracias a esta pequeña difusión ya han sido varios los niños apadrinados y más de cuarenta chavales han sido contratados con empleos bien pagados. Ésto último fue por pura casualidad: un zaragozano -también llamado Joaquín- tenía que visitar unas fábricas de Ankleshwar. La única información que encontró en español fue la de este blog. Me escribió para pedirme consejo y le dije que podía visitar la misión. Lo hizo y no sólo eso: apadrinó a un niño y puso en contacto las fábricas en cuestión con la organización. Humildemente comenta no haber hecho nada especial, pero todos sabemos que ha cambiado la vida de muchas personas.

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