Colombia

San Gil, Colombia

colombia light paint

San Gil es la capital turística del departamento de Santander. La gente viene atraída por la posibilidad de practicar deportes de aventura como el  ráfting por el río Fonce y nosotros no podíamos ser menos y navegar río abajo. Aquí me di cuenta de que sin querer estaba llevando a cabo una lista de cosas que hacer antes de morir:
Buceo con bombona (en Isla Margarita)
Ráfting
-Parapente (en Mérida)
-Surf
-Quién-sabe-qué-será-lo-siguiente

Lo primero que hicimos en San Gil fue invadir un pabellón deportivo situado en la parte alta de la ciudad con nuestras esterillas y sacos de dormir. Como soy incapaz de llegar a un lugar nuevo y quedarme sentada a descansar del viaje (¡pero si llevo siete horas con el culo plano en un autobus!) salí en busca de un cajero o un banco para sacar o cambiar dinero y así poder comprar agua, y es que la única agua del grifo potable de Colombia es la de Bogotá. Pregunté en una tienda y la amable dependienta me dijo que el cajero estaba muy cerca; “a sólo cuatro cuadras bajando por esta calle”. Sólo caminar por San Gil ya es un deporte de aventura, esas cuatro cuadras significaba caminar un kilómetro por una calle con una inclinación del 40º (dato que me he inventado, si sabéis la inclinación exacta, decídmelo por favor). Estas calles empinadas al estilo San Francisco están consideradas como un emblema urbanístico de Colombia protegido como monumento Nacional. Pero observándolo desde arriba y pensando lo que me costaría subir luego bajo el sol abrasador que  ese día había amanecido, decidí estirar los pesos que me quedaban. Compré agua y realicé una actividad que repetiría en cada ciudad que visitaría: tomar un delicioso café colombiano con las marujas del pueblo. Te hacen todo tipo de preguntas y admiten que actúes igual que ellas, además los colombianos en general siempre están dispuestos a charlar con el extranjero.

san gil, santander

cuesta de san gil colombia

Y por fin bajamos las cuestas para ir al parque El Gallineral, cuyo nombre viene posiblemente del musgo en forma de barbas que cuelgan de sus árboles, como si hubieran desplumado a un montón de gallinas sobre cada uno de ellos. Aunque antes nos paramos a probar el plato típico del departamento de Santander, ¡las hormigas culonas! Se venden en un puestecito junto a una horripilante y enorme escultura que representa, como no podía ser de otra manera, a una hormiga. Su venta está tan extendida que hasta las venden en lata en Nueva York, o eso nos contó Miguel de la Quadra en esta entrevista que nos hicieron en Radio Marca. A él le gustan, pero a mí el sabor no me convenció. Alguno de mis compañeros de viaje se pegó el atracón de hormigas culonas y desconozco si percibieron los efectos afrodisiacos que aseguran que este manjar provoca.

hormigas culonas

 Volvamos a El Gallineral. Este parque se encuentra en una isla de 4 hectáreas sobre el río Fonce y junto a sus característicos árboles bárbudos podemos pasear sobre caminos empedrados, puentes colgantes y jardines floridos. Por la noche conviene llevar una linterna, aunque en la época en la que fuimos nosotros –Navidad-, había tanta decoración que lejos de recordarte la época del año, te trasladaba a un mundo de Alicia en el País de las Maravillas, psicotrópicos incluidos.

parque el gallineral san gil, colombia

muñeco de nieve

parque surrealista de colombia

el gallineral

Volvimos a caminar cuesta arriba para cenar en el pabellón, sudando mucho mientras veíamos que los niños las subían corriendo como si nada. No sé como no se conocen deportistas de élite de San Gil, deben tener todos unas piernas de envidia.
Después de cenar quisimos ir a tomar unas cervezas y, ¿sabéis qué?, ¡en la parte alta de San Gil no hay bares! Así que otra vez tuvimos que bajar las cuestas.
Esto me recuerda a Dubrovnik, en donde reservamos en un hostal con unas vistas impresionantes a la ciudad, cosa que sólo se consigue estando en el quinto pino, vaya agujetas, ¡pero qué vistas!
El lugar elegido fue el bar Cuba en el que hay sitio para todos: terraza para los torpes, generalmente extranjeros, que nos sentamos a tomar unas Club Colombia, y espacio para los que bailan. Siempre me ha dado mucha envidia la gente que sabe expresarse con el cuerpo al ritmo de la música. Viajamos a Latinoamérica pensando que nos vamos a entender con todo el mundo porque hablamos español, pero nos falta saber bailar; idioma básico para socializar por estas latitudes. Solo me puse dos metas en Año Nuevo: nada de dejar de fumar o adelgazar, no: aprender portugués y bailes latinos. Y ahora me veo con que voy a ir a Perú y Bolivia con la misma torpeza de siempre, cachis la mar. Lo bueno es que si lo intentas y o haces fatal, la gente no se ríe y baila contigo.
Tras varias cervezas y cuasi bailes de pato, volvimos a subir la cuesta de la madre que la parió a la muy…
Le dije a un polaco, “¡Venga, una carrera hasta arriba!”, no me dio tiempo a decirle que era broma, ya me llevaba cien metros de ventaja.
Al día siguiente fuimos a tachar un elemento de la lista de cosas que hacer antes de morir. Hacer ráfting. Íbamos seis en cada balsa y un monitor para guiarnos. Nos dijo que pusiéramos la cola en la balsa ¿?¿? Luego supimos que en Colombia se llama ‘cola’ al trasero, y él por fin entendió por qué un cliente español le miró tan raro cuando le dijo “saca la cola afuera”. Si es que es muy difícil hablar español. Nosotras nos reímos de él por llamarnos princesas.

rafting san gil

Además de bajar a toda velocidad pegando saltos sobre la balsa, también fue divertido bajarse de ésta cuando el monitor lo indicó y dejarnos arrastrar un rato por la corriente flotando gracias al chaleco salvavidas. Yo como soy así, y todo lo hago raro, me metí en un  remolino pequeñito. Solo tuve que nadar más fuerte para salir de ahí.
De aproximadamente cien personas que realizamos esa actividad, sólo una salió disparada de la balsa estampándose con una roca. Y como no podía ser de otra manera, esa persona fui yo. Me llevé un enorme moratón en la cola, como dirían ellos, algo que se ha vuelto una tradición en mis viajes. Si dura más de un mes, moratón en el culo (el año pasado me lo traje de Montenegro). Pero mira por donde, como me dolía todo me llevaron en coche hasta el pabellón y así me libré de volver a tener que subir las cuestas.

niña colombiana

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