India

India. Kerala sin contexto (FOTOS)

Los campos de té de Munnar. Miles y miles de hectáreas cubren las colinas y paisajes de esta región de Kerala. Sí, es HDR.

Reza el manido tópico que “a la India, o la amas, o la odias.” Corre de boca en boca, con mucha rotundidad, entre los muchos que alguna vez se dejaron caer por el país de los mil millones de dioses. Dicen que está llena de colores. También de luces y sombras. Que huele bien y mal al mismo tiempo. Dicen que te ríes y que lloras, y que te cabreas con facilidad. Y que te puedes enajenar a lo bestia a poco que encuentres al camello apropiado. Y que quizá despiertes sin un clavel en la cartera. Dicen que los lugareños son muy vagos o muy trabajadores. Que está llena de santones barbudos y de charlatanes bigotudos al mismo tiempo.

Mujeres a las ocho de la mañana saliendo a trabajar a los campos de té.


No sólo las mujeres. Aunque en menor número, los hombres también trabajan en los campos.

Dicen que intentarán sacarte los cuartos por un botijo de agua, o que agitarás algo parecido a un colchón y volarán pulgas como si no hubiera un mañana. Dicen que si pides “poco picante”, mentarás a la madre del servil camarero y que si no le dices nada al pedir, echarás fuego por la boca. Dicen que está lleno de templos. Algunos dominados por monos, otros por ratas, y algunos por pétreas pollas. Y que de comer vaca, tururú. Dicen que un rey, reventado a dolor, soltó las perras para edificar mausoleo más magnífico que se puede ver sobre la faz del azul y que al acabar, arrancó los ojos a su arquitecto para que nunca repitiera su obra. Y que otro, pintó una ciudad entera de rosa para recibir a un sátrapa inglés. Cuentan que lo más sagrado del país es un caudal invariablemente marrón. Lleno de alegría, mierda, vida y muerte al mismo tiempo. Y que tipos en cuevas beben de los amarillentos cráneos de sus maestros. Y que locos y cuerdos por igual, rinden tributo a la destrucción, que viaja sobre la espalda de un tigre, o a la inteligencia, que lo hace a lomos de una rata.

 

“Por favor, Sácanos una foto y enseñasela al señor que conduce.”

“Sin favor, dame algo.”

Todos dicen muchas cosas, y no seré yo el que las desmienta porque no tengo ni idea. Cuando suena tu teléfono y te dicen “eh, ¿quieres ir a rodar un anuncio a la India, a Munnar?” Uno no contesta, aunque lo piense “¿Y eso dónde diantres está?”  Más bien piensa:”Hmmm, India. La amas o la odias.” Pero eso sí, Cuando uno va a trabajar solamente doce días a una pequeña zona de un país gigantesco, cualquier cosa que me dé por soltar, será sólo, o una pequeña opinión o una enorme barbaridad. Cuando uno va a trabajar, no va de turista, o viajero, a hacer lo que le salga de sus sanctum genitalia. Por eso, cualquier encuentro, cualquier sorpresa, cualquier sonrisa, se convierte en un pequeño regalo.

 

Cuando vas a rodar un anuncio de motos, haces fotografías a motos.

Y lo haces varias veces.

No me entendáis mal, no me quejo. Cuando vas a un rodaje en exteriores, lo más probable es que te lleven a las zonas más hermosas. Tierra hermosa, gente hermosa.  Y también ciento y pico personas con las que compartes cada día dieciséis horas de trabajo, sí, pero también conversaciones largas, donde poder preguntar tus dudas. Personas que afirmarán el tópico, lo matizarán, o, entre carcajadas, lo negarán.

La cabeza baja, mientras se seleccionan las hojas que se han ido cortando a lo largo del día.

Y bajo supervisión, claro.

Sin contexto (o casi). De eso va este post. Sólo quería compartir una serie de imágenes de un lugar y de personas que viven de una determinada manera. No son santos, ni ladrones. Ni ricos, ni pedigüeños. Ni mentirosos ni santurrones. Son sólo personas en un contexto que yo no entiendo. Creo que no sé a dónde van, de dónde vienen ni qué hacen. Ni estoy seguro de querer saberlo. Sólo hay una cosa que puedo afirmar fuera de tópicos: que me muero de ganas de volver. Os dejo algunas fotos más sin ton ni son.

@Gothart en twitter

 

El batatero. Son patatas dulces. Muy ricas.

Jornada “casi” concluída.

Amor de mierda…..

La hora del té.

Un clásico del Sur y sudeste de Asia. Cuatro en una moto.

La vuelta a casa.

La sonrisa de un gran tipo.

Y para cerrar, uno de mis bichos favoritos.

 

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