Rumanía

SIGHISOARA, Rumanía


Es la segunda vez que paso por Budapest en el ecuador de un viaje largo. Aunque lo he hecho siempre sin querer, tiene tanto sentido, que las próximas veces diseñaré el viaje concienzudamente para tener que pasar por aquí. En la capital húngara hay baños termales con innumerables piscinas, cada una de ellas con una función terapéutica diferente; hidromasajes, piscinas con corrientes (te puedes pasar un rato arrastrada dando vueltas) y señores sumergidos jugando al ajedrez.

Un día haciendo el vago en este lugar y recuperas las energías suficientes para seguir trotando por el mundo.
A partir de aquí mi viaje dio un giro de tuerca. Desde Kiev sólo éramos dos personas viajando. Ahora nos convertíamos en una panda de siete maños con ganas de darlo todo. Parece que no es fácil ponerse de acuerdo con tanta gente, pero la verdad es que sí lo fue. A los siete nos gusta lo mismo; viajar, ver lugares nuevos y pasarlo bien. No buscamos lujos, no necesitamos gastar un día buscando souvenires y todos tenemos experiencia viajando por libre.
Y yo, la única mujer.
A la llegada, dos de mis amigos pidieron una pizza de dos kilos porque alguien dijo la palabra mágica: “A que no hay huevos de pediros esa pizza“. Siempre funciona.

Nuestro primer destino como grupo fueSighisoara, un pueblo medieval de la región de Transilvania muy bien conservado. Para ello tomamos un tren nocturno que dispone de camas. Así nos ahorrábamos una noche de hotel.

Sighisoara sigue siendo una de las más hermosas y aún habitadas ciudades fortificadas de Europa. Su centro histórico se incluye en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría “Testimonio de tradición cultural; Asentamiento humano tradicional”, pues la fundaron los sajones de Transilvania (una etnia alemana) y se convirtió en un punto muy importante en las rutas comerciales. Sólo hay que fijarse en el cementerio, en la parte alta de la ciudad, con una mayoría de apellidos alemanes en sus lápidas.

Además se supone que aquí nació Vlad el Empalador, conocido por nosotros como Drácula. Éste se convierte en un reclamo turístico, desde tiendas de regalos y camisetas hasta su propia casa, convertida en restaurante. Hablaré más sobre este personaje cuando llegue a Bran.

Esta ciudad amurallada conserva once torres; cuando paseas por las calles adoquinadas, puedes ver a tu alrededor casas del siglo XVI e iglesias intactas. Destacan la Iglesia Negra, el palacio del Ayuntamiento y la Torre del Reloj, del cual siete figuras de madera se asoman a medianoche para avisar de que es la hora de los vampiros.

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