Marruecos

Tánger, Marruecos


Hace unas semanas, concretamente durante los nueve días que duraron mis vacaciones, Fernando y yo realizamos un viaje por Marruecos utilizando el transporte público . El recorrido comprendió las siguientes ciudades: Tánger, Chaouen, Fez, Meknés, Marrakech y Essauira. Nos hemos dejado buena parte de la costa atlántica como Rabat y Casablanca, o el desierto más grande del mundo, el Sáhara, para futuros viajes. Pues Marruecos seguirá ahí, cada vez más cercano en cuanto a la disposición de vuelos baratos que unen ciudades españolas con Tanger, Marrakech o Fez.

Para ello tomamos un vuelo con Ryanair de Madrid (T1) a Tánger y facturamos sólo una maleta para los dos. Mientras estábamos esperando en la fila para embarcar en el avión nos fijamos en una chica que pretendía hacerlo con una maleta tamaño bañera, cuando en realidad las restricciones respecto al volumen del equipaje son muy estrictas. Los chicos que teníamos delante también se dieron cuenta de esto y ese fue nuestro primer tema de conversación. Se trataba de Carlos y Hasán, un español y un marroquí que viajaban por trabajo: estaban construyendo apartamentos en Tánger.

 

Nos contaron que mucha gente en España estaba comprando su segun

 

da vivienda en la costa de Tánger porque les resultaba mucho más económico.

Y a la chica de la maleta, le hicieron ir a facturar su equipaje. Lo peor de todo es que ella había pagado el plus por bulto. Supongo que si nunca has volado, el sistema puede liarte.

Cuando llegamos a Tánger, una ráfaga de viento me empujó hasta la aduana. Y ese viento no cesaría en ningún momento, pero una que es de Zaragoza y conoce “el Cierzo”, está acostumbrada a este tipo de inclemencias. La temperatura era exactamente la misma que en Madrid.
Tuvimos suerte porque Carlos y Hasan nos ofrecieron llevarnos en coche al hotel.  Por el camino pudimos percibir que efectivamente la zona estaba siendo muy edificada, pero también nos pareció que los edificios en obras se encontraban mayoritariamente en las afueras.

Dejamos nuestras cosas en el hotel y nos fuimos a caminar. Por fin estaba en Marruecos, un país tan cercano a España y tan diferente culturalmente y que tenía ganas de conocer desde hacía mucho tiempo. Y ahora nos encontrábamos en lo que muchas guías de viajes denominan como “La puerta de África”. Aún tenía la sensación de estar en un lugar extranjero pero con mucho sabor español, quizá lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de negocios con nombres de topónimos españoles, como una versión marroquí de Andalucía.

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Alcanzamos la playa, que junto a un paseo marítimo lleno de chiringuitos, divisa no muy a lo lejos la costa española. Un camello reposaba en la arena a la espera de un turista que quisiera tomar un paseo montado en su lomo. Pero apenas se veían visitantes por la zona.

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Atravesando la Avenida d’Espagne llegamos al famoso puerto en el que numerosos ferrys parten rumbo a Tarifa, Algeciras o incluso a Génova. Aquí fue la primera vez que nos ofrecieron hachís durante nuestro viaje, pero ni de lejos la última. Junto al puerto, una plaza con restaurantes hace de puerta de entrada a la medina o la ciudad antigua de Tánger. Tiendas de todo tipo de bisutería, productos de cuero, tapices, alfombras, así como mercados de alimentos. Mis favoritos: los puestos de encurtidos –las olivas son espectaculares- y los de zumo de naranja natural. Ten claro que, excepto con la comida –normalmente-, siempre te van a pedir un precio muy superior al real. Saben convencer, y saben mentir, piensa que los vendedores tienen mucha experiencia negociando y tú no. Pero hay que defenderse.

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Más o menos mi método de regatear era el siguiente. Si pretendo comprar algo pienso en el precio máximo que pagaría por él. Pregunto lo que cuesta, a lo que el vendedor me da una cifra exagerada, pero no le hago caso. Entonces ofrezco la mitad o un tercio del precio máximo que había pensado. Y a partir de ahí dependerá de la pericia y el aguante de cada uno. Te llevará un rato, pero es lo habitual. Si aun así, no accede a tu oferta vete de la tienda. Si el vendedor sale detrás de ti es que tu oferta era buena. Esto funciona igual desde Camboya a Nepal, hasta Marruecos o Turquía. Estos últimos son en mi opinión los más espabilados a la hora de endiñarte algo que nunca se te habría ocurrido comprar.

Salimos del zoco y nos encontramos la iglesia anglicana de St. Andrews que mandó construir la reina Victoria. Está rodeada de un curioso cementerio con lápidas de los tiempos de guerra en las que se pueden leer las profesiones de sus ocupantes: piloto de la Royal Air Force, telegrafista, corresponsal del Times… o “disparado mientras escapaba”. Cerca de ésta se puede ver también una enorme iglesia católica.

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Caminamos hacia la gran mezquita, todo un símbolo de  Tánger pero los turistas sólo podemos verla desde fuera. Y esto ocurre en casi todas las mezquitas de Marruecos, en ocasiones se debía a que no éramos musulmanes, y en otras me prohibían la entrada por ser mujer, pues Fernando sí que era bienvenido, pero no en este caso. No sé qué opináis sobre este tema pero yo pienso que esta clase de edificios son de interés cultural y que fomentan el turismo del lugar. Hay ciudades como Estambul, que sí permiten la entrada a todo el mundo en sus templos  sin mirar su religión. No me imagino que por ejemplo, en Zaragoza, no dejáramos entrar a católicos cristianos en la basílica del Pilar. Sí, siempre he sido incomprensiva con el tema de tratar a las mujeres como si fueran inferiores a los hombres. Qué le vamos a hacer. También es cierto que esto ya lo sabía de antemano y que a mí nadie me había obligado a viajar a Marruecos.

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Dimos una vuelta por la medina, callejeando y olvidando el mapa porque total, nos íbamos a perder de todos modos. Hice una foto a unos niños y me pidieran que les diera algo. Le entregué a uno un bolígrafo y metí la pata porque luego tenía diez más pidiéndome bolígrafos. Me hubiera gustado tener un saco de ellos, así que ya sabéis que traer si venís a Tánger.

niños de tanger

Aunque lo que sí que les haría ilusión  es una camiseta de un equipo de fútbol –sobre todo del Barça-. La afición por el fútbol español en Marruecos es algo tremendo. Se ven pintadas en las paredes de garabatos que imitan a los escudos del Barça o del Real Madrid, establecimientos con nombres de equipos aunque no tengan nada que ver con este deporte, como la “Ferretería Barça” que vimos en Chaouen y, paseando por la medina, me topé con un bar bipolar abarrotado de hombres mirando el televisor. La mitad izquierda estaba decorada con posters, bufandas y demás del Real Madrid, y la otra mitad del Barça. En medio, cómo no, el omnipresente cuadro del rey Mohamed VI que se puede ver en casi todas las tiendas, bares u hoteles. Terminé mi paseo por la medina en una tienda de alfombras pero no porque pensara comprarme una, sino porque ésta tenía una azotea desde la cual podía observarse toda la ciudad.

Panorama_vistas sobre tanger

Descansamos al atardecer en un bonito y animado parque, los jardines de Mendoubia. Un ambiente local en donde la gente de todas las edades conversaban sentados en sus bancos, jugaban a fútbol, se hacían fotos con los cañones o simplemente disfrutaban del aire libre.

Panorama_parque de tanger

Volvimos al hotel para coger algo de abrigo,ya que en Marruecos por esta época en cuanto se pone el sol baja bastante la temperatura. Teníamos la intención de ir al Hafa Cafe pues nos habían contado que el lugar era espectacular. Se trata de un café al aire libre con varias terrazas a diferentes alturas mirando a Gibraltar. Se fundó en 1921 y era el sitio favorito en Tánger del escritor Paul Bowles y los Rolling Stones. Para llegar al Hafa Cafe tomamos un taxi. Para ello hay que parar el vehículo y decirle tu destino al taxista. Te dirá que te subas o que no puede llevarte porque va en otra dirección por petición del cliente que ya está montado en el taxi. Sí, los taxis se comparten y durante el trayecto va subiendo y bajando gente del coche. Pero me temo que los turistas acabamos pagando el trayecto entero. Aún así son muy baratos.
Por desgracia el Hafa Cafe estaba cerrado por ser viernes, así que nos volvimos en el mismo vehículo a una plaza cerca de nuestro alojamiento.
Aún nos quedaba algo por ver, el mercado de animales que está abierto hasta altas horas. Por eso conviene dejárselo para el final. Aquí vimos peces, lagartos, tortugas, perros y un mono que agarró suavemente mi dedo índice como si fuera un bebé. Me dio mucha pena que el pobre animal tuviera que estar enjaulado.
Un chico me contó que los perros que vendían se utilizaban para la seguridad de las casas pues ellos por su religión musulmana, no pueden disfrutar de los perros como mascota. Si les roza la ropa se tienen que cambiar y si tocan un perro, tienen que lavarse de inmediato. Mientras nos lo contaba, el chico saludó a un grupo de españoles amigos suyos que se dedicaban a la construcción.
Cenamos el típico bocadillo con de todo por sólo lo equivalente a 1€.

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En general Tánger me pareció más bonita e interesante de lo que me esperaba, pero esto era sólo el comienzo de mi viaje por Marruecos. Había que descansar, porque al día siguiente viajaría a Chauen, una ciudad azul enclavada en las montañas del Rif, tras dejar atrás lo que sus lugareños llaman “la puerta de Europa”.


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