Vaticano

Siete curiosidades de Ciudad del vaticano

Siete curiosidades de Ciudad del Vaticano

Siete curiosidades de ciudad del vaticano

Siete curiosidades de Ciudad del Vaticano

Hoy abdica un rey. Digo abdica porque la forma de gobierno del Vaticano es una monarquía electiva. Benedicto equis uve palito (Me gusta más Ratzinger, me recuerda a cierto robot de mi infancia) da un paso atrás y delegará sus funciones como príncipe de la Santa Sede. Un nuevo cónclave formado por ciento veinte personas tendrá la responsabilidad de elegir a un Santo Padre que, lo quiera o no, tendrá que convivir con la sombra del anterior y a la vez dirigir espiritualmente a más de mil millones de cristianos desde este pequeño estado que rezuma historia. Hoy es un buen día para curiosidades vaticanas.

1.    La forma de la Plaza de San Pedro:

Alejandro VII quería una nueva plaza. La antigua plaza de la catedral no correspondía a la grandeza de la recién estrenada Basílica de San Pedro ni a la magnificencia que el Vaticano requería, y eso así no podía seguir. Cogió su papamóvil, que por aquellas fechas debía ser un bonito carruaje tirado por caballos blancos y se fue a ver a Bernini, quien ya había trabajado varias décadas en el diseño de la fase final de la basílica.

El Papa se sentó con el genial arquitecto italiano y le debió decir algo así como “Mira, Lorenzo, quiero algo chulo, pero tiene que preservar un orden. Quiero que la mayoría de fieles me puedan ver a mí y a los próximos papas en la azotea de la basílica, pero por si estamos cansados y no nos apetece bajar a bendecir a las masas desde ahí, quiero que también se nos pueda ver desde las ventanas del palacio, así que nada de proponer que derrumbemos algo. Y ya sabes que tiene que ser simétrica, porque la simetría es lo que se lleva ahora. A ver qué se te ocurre.”

Y Bernini tuvo una brillante idea. Su solución fue diseñar dos enormes columnatas, las más extraordinarias que se habían creado hasta el momento, sobre las que descansaría una balaustrada con las figuras de ciento cuarenta santos y doctores de la Iglesia. Estas tenían dos espacios y dos formas claramente diferenciadas. Por un lado una entrada trapezoidal hasta la iglesia, unida a una elipse hasta la vía Alessandrina, y a esta conjunción de formas la dotó de un simbolismo místico. El napolitano interpretó la cúpula de la basílica como una cabeza humana y diseñó su plaza de tal manera que las columnas semejaran los dos brazos de la Iglesia abrazando y bendiciendo en la fe a los fieles que entrasen en la plaza.

 


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San Pedro del Vaticano. Cortesía de google maps.

2.    La guardia suiza:

La guardia suiza no es un invento vaticano. El primer cuerpo de élite suizo fue creado por el monarca Luis XI en 1474. El francés, se quedó fascinado al ver la brutalidad con la que mil quinientos de estos alabarderos se defendían del ataque de veinte mil mercenarios franceses en la batalla de Basilea y decidió contratar a cien de estos montañeses como su guardia personal. Los alpinos se hicieron famosos por su disciplina, su lealtad y su fuerza en combate. En los años siguientes media Europa contrataría mercenarios suizos para todas sus guerras.

Julio II no iba a ser menos. Necesitaba un cuerpo de guardia que le pudiera defender a muerte en caso de extrema necesidad y decidió tirar también por la vertiente suiza. Desde entonces, cien guardias de esta nacionalidad forman el ejército de la ciudad del vaticano. Sólo la Santa Sede tiene permiso para contratar helvetii para este menester, ya que  desde 1874 la constitución suiza, impide  a sus ciudadanos enrolarse en ejércitos extranjeros.

Los guardias suizos al servicio del pontífice deben ser hombres entre los diecinueve y los treinta años, medir al menos 174 centímetros, ser solteros y, obviamente, profesar la fe católica. Si cumplen estos requisitos y superan determinadas pruebas, los nuevos guardias entran al servicio vaticano por un período entre dos y veinticinco años, jurando su cargo el día 6 de Mayo, fecha del aniversario del saqueo de Roma. Por cierto, cobran mil trescientos euros limpios más horas extras (el Vaticano es un país sin impuestos) y reciben alojamiento y comida. Su uniforme no está diseñado por Miguel Ángel como cuenta la leyenda sino que fue creado por el comandante Jules Respond en 1914. Eso sí, el militar citaba a Miguel Ángel y a Raphael como inspiración.

Guardias suizos en los alrededores de la plaza de San Pedro.

3.    El burro de la capilla Sixtina:

Miguel Ángel estaba exultante. “El juicio final”, el fresco sobre el altar mayor de la capilla Sixtina le había llevado cuatro años y estaba orgulloso del magnífico resultado. Sin embargo, había autoridades eclesiásticas que no estaban muy de acuerdo. De hecho le acusaron de ser un tanto insensible a las normas del decoro. Biagio de Cesena, el maestro de ceremonias del Papa, se lo tomo especialmente mal y se le ocurrió reprochar al pintor su falta de tacto diciendo que “era una desgracia que en un lugar tan sagrado se hubieran trazado tantas figuras desnudas, mostrándose sin vergüenza alguna, de una manera más propia de burdeles y tabernas”. Al de Caprese, famoso por su mala leche, no le sentó nada bien. Como venganza, cogió sus pinceles, volvió a su campo de trabajo y sustituyo a Minos, el juez del inframundo, por el retrato del ínclito Biagio en el mural, pintándole unas orejas de burro. Eso sí, de cuerpo bien cubierto por una serpiente cuya cabeza muerde las pudendas partes del religioso.

Se dice que cuando Cesena se enteró, acudió horrorizado a quejarse al papa por la mofa del pintor y que Pablo III, que quería que Miguel Ángel se diera prisa en acabar la capilla,  le comentó burlón que él no tenía poderes sobre el infierno y que por lo tanto el retrato debía permanecer en su sitio.

Biagio da Cesena en «El juicio final» de Miguel Ángel.

4.    El rojo cardenalicio:

Es curioso ver a los cardenales con sus vestiduras rojas como la sangre. Esta forma de vestir fue implantada por el pontífice Pablo II hacia 1464. El santo padre, más mundano que santo, era un hombre bastante opulento que gustaba de festines, jaranas y lujo al más puro estilo de los príncipes romanos. Era tan bruta su manera de comer que incluso sus más allegados temían que esta voracidad acabara matándole, como, presuntamente, así fue.

La pompa de este Obispo de Roma era tal, que vestía y hacía vestirse a los cardenales de rojo para simbolizar que estaban dispuestos a derramar su propia sangre defendiendo la auténtica fe, y así ha permanecido este color hasta nuestros días. Además, el rojo era un tinte difícil de conseguir y muy caro, por lo que era un ornamento distintivo de las personas poderosas.

Pablo II murió oficialmente atragantado mientras se comía un melón. Digo oficialmente porque las malas lenguas cuentan que sufrió un ataque al corazón mientras practicaba sexo con un joven paje. Ninguna de las dos es muy honrosa para un papa.

El cardenal más famoso de la historia, Jean-Armand du Plessis. Richelieu para los amigos.

5.    El cónclave:

En la ciudad de Viterbo, hacia 1268, no estaban muy contentos. A Clemente IV no se le había ocurrido mejor idea que irse a morir de vacaciones en el palacio papal de la ciudad. La tradición decía que los cardenales debían reunirse en el lugar de defunción del Santo Padre para elegir a uno nuevo y claro, los ciudadanos debían suministrar lo necesario para que las veintitrés eminencias allí reunidas estuvieran cómodas. Y se pusieron cómodas durante tres largos años. Dos facciones, la imperial y la francesa, se impedían mutuamente la elección de un nuevo pontífice. Los franceses amenazaban con tomar las armas e invadir Italia con Carlos de Anjou a la cabeza. Por su parte los imperiales, italianos casi todos, eran suficientes para bloquear cualquier elección pero no mayoría para decidir por sí mismos.

Y claro, tres años dan para mucho así que los habitantes desesperados, decidieron ayudar a la elección a su manera. Encerraron a sus señorías en el palacio episcopal y los pusieron a pan y agua hasta que el espíritu santo iluminara a los allí presentes. La leyenda cuenta que incluso quitaron el tejado de la catedral para que no se apoltronaran demasiado. Y efectivamente, los belicosos cardenales eligieron a Gregorio X y salieron de la ciudad en un tiempo record.

Quizá por esa experiencia, Gregorio adoptó una serie de medidas de “austeridad” para acelerar la elección de los papas que le sucederían. Entre ellas estaba encerrar a los prelados y someterlos a ciertas medidas como las de Viterbo. Ahí nace la palabra cónclave. “Cum clave” en latín. Bajo llave.

Infografía sobre cómo se desarrollará el cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI. Click para ampliar.

6.    El sínodo del terror:

Entre nosotros, hacia el siglo X estaban todos un poco mal de la azotea. Los enfrentamientos políticos entre alemanes, franceses e italianos salpicaban constantemente las investiduras papales y cuando se elegía un nuevo Santo Padre de facción distinta a la anterior, anulaba todo lo que había hecho su predecesor y comenzaba de nuevo. Se anulaban excomuniones y se expulsaba del seno de la Iglesia a nuevos enemigos. Así llegó Esteban VI al trono Vaticano.

A Esteban VI no le debía caer muy bien su predecesor Formoso. Le acusaba de haber sido excomulgado y de haber abandonado su obispado en Porto para usurpar el trono en Roma. En una decisión ridícula a todos los efectos, organizó un concilio en la Basílica Constantiniana,  ordenó exhumar el cadáver, vestirlo con las ropas papales y juzgarlo por sus presuntos crímenes. La pestilencia del cadáver no parecía hacer mella en Esteban, quien se dedicaba a lanzar preguntas a los restos de Formoso y enfurecía al ver que este no contestaba. Fue declarado culpable, anulado su título papal y se le cortaron los tres dedos que los sacerdotes usan para bendecir. Se le volvió a enterrar en un lugar secreto y ahí estuvo hasta la llegada de Sergio III al trono romano.

A Sergio, amigo de Esteban, tampoco le gustaba que sus predecesores hubieran “restaurado” el honor del desdichado Formoso. Le volvió a sacar de la tumba, le volvió a encontrar culpable, arrastró su cadáver por las calles de Roma y arrojó los restos al Tíber para que nunca fueran encontrados.

Esteban VI murió estrangulado en la cárcel. Sergio III tuvo más suerte e incluso, según que fuentes se consulten, tuvo un hijo con su amante de 15 años que llegaría a ser coronado sucesor de San Pedro bajo el nombre de Juan XI.

El juicio a un Papa muerto. Esteban VI vs Formoso.

7.    ¿El Antipapa existe?:

Pues sí, y reconocidos por la Iglesia católica. El primero de ellos surge temprano. San Hipólito de Roma en el año 217. Al igual que hablábamos antes, las luchas entre facciones por el poder que otorga el trono de Roma han provocado a lo largo de la historia que surjan estas figuras. Para ser declarado antipapa no hacía falta estar en contra de la doctrina católica sino sólo tratar de usurpar las funciones del Papa elegido por el concilio cardenalicio.

Un caso ilustrativo es el de Urbano VI. Sus vicios y los de su cohorte eran tan exagerados que provocaron el gran cisma de occidente, haciendo que los cardenales se reunieran otra vez y eligieran a Clemente VII. Esta situación se prolongó durante medio siglo hasta que en el concilio de Constanza se depuso a todo el mundo y se otorgó la silla de San Pedro a Martín V.

Hoy en día también los hay, y no muy lejos. En Sevilla, La iglesia católica palmaria no admite la autoridad de Roma desde Juan Pablo I. En su lugar reconocen como último Santo Padre a Pablo VI y a partir de ahí, a Clemente Domínguez, un corredor de seguros sevillano que declaró en 1968 que se le había aparecido al virgen María en el Palmar de Troya. La Inmaculada, presuntamente, dijo a Clemente que debía librar a la Iglesia católica del comunismo y la herejía. Desde entonces, los seguidores de esta “rama” de la Iglesia sólo acatan la autoridad de los sucesores del sevillano como Papas.

La catedral del Palmar de Troya, centro de la Iglesia católica palmaria.

8.    Bonus: en breve se elige a un Papa. ¿Sabes que podrías ser tú?:

Pues sí. Sólo hace falta ser varón y estar bautizado en la fe católica. Esta es la teoría porque en la práctica no se ha elegido a ningún Papa que no haya sido antes cardenal desde Urbano VI, del que hablábamos antes. No parece que esta tendencia vaya a cambiar en breve, aunque tampoco parecía que ningún Papa fuera a abdicar.

El vaticano y la Iglesia han dado a la historia centenares de curiosidades y anécdotas. Estas siete son sólo un ejemplo pero levantar una piedra del pequeño estado seguramente equivale a encontrar otra nueva. ¿Conoces algún ejemplo?.

@Gothart en twitter

El Espíritu Santo preside el altar mayor de la Catedral de San Pedro del vaticano sobre la silla del apóstol.

 

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