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El descubrimiento de la Cueva de Altamira

Actualización 2016: en estos momentos se están realizando pruebas para visitar la cueva original de manera controlada, recomiendo informarse.

Antes de que todos conozcamos la Cueva de Altamira como una de las máximas expresiones del arte rupestre, hubieron de ocurrir muchas cosas hasta que se comprobara su autenticidad y se hiciera popular en el mundo entero. Veamos qué es lo que sucedió desde que una persona se topara con este hallazgo por casualidad.

1868. La cueva de Altamira fue descubierta por casualidad por un campesino, Modesto Cubillas, pero es Marcelino Sanz de Sautuola, un erudito de la época, quien descubre su arte al adentrarse en la gruta. Además, la entrada estaba repleta de utensilios de la era paleolítica.

1878. Marcelino fue a París, donde vio los objetos prehistóricos descubiertos en Francia. A su vuelta, decide volver a Altamira, y halla también objetos de piedra y de hueso trabajados, que publica en su libro “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander”.

1879. Marcelino volvió a la cueva, esta vez acompañado de su hija de siete años, María Faustina Sanz Rivarola. Mientras su padre prestaba atención al suelo para encontrar nuevas piezas, la niña se centró más en mirar las paredes y el techo…

—Mira papá, bueyes.
—No hija, no son bueyes, son bisontes. (En realidad, estas frases son literatura)

Marcelino hizo un trabajo minucioso copiando todas las pinturas en un cuaderno y lo envió a la Sociedad Española de Historia Natural. Desde las altas esferas, pensaron que se les estaba gastando una broma y no era para menos. Se trataba de unas representaciones de animales antiquísimas, probablemente el origen del arte paleolítico: no se había visto nunca nada igual.

1888. Marcelino murió sin que se hubiese reconocido la importancia de su descubrimiento.

1902. Se descubren varias cuevas en Francia. Émile Cartailhac, un arqueólogo francés que se había mostrado escéptico de la antigüedad de las pinturas de Altamira, se dio cuenta de que las representaciones pictóricas de las recientemente descubiertas cuevas francesas se parecían a los dibujos que Marcelino había copiado en su cuaderno. Por ese motivo Cartailhac vino a España con los rudimentarios métodos de datación de la época y reconoció que, efectivamente, era cierto lo que Marcelino había defendido. Se trataban de obras de ente 15000 y 20000 años de antigüedad. Ese mismo año, el arqueólogo francés escribió un artículo llamado “La gruta de Altamira: Mea culpa de un escéptico”. Además,cuenta la leyenda que se presentó a María y le dijo que quería disculparse ante su padre por lo que ella le acompañó hasta la tumba de Marcelino.

Principios del siglo XX (1903-1906). Es entonces cuando empieza a estudiarse por algunos de los investigadores más importantes del momento: Henri Breuil, Hugo Obermaier y Hermilio Alcalde del Río.
Además, en 1910 El Ayuntamiento de Santillana nombra el primer guía de la cueva para acompañar a los visitantes.

1973. La cueva de Altamira es visitada por más de 173.000 personas, tal afluencia incide negativamente en la conservación de las pinturas, al alterar las condiciones ambientales que las habían preservado durante milenios.

1977. Un fotógrafo se percató del deterioro de los pigmentos y lo comunicó a las autoridades, por lo que éstas decidieron cerrarlas. Hay que tener en cuenta que los únicos materiales utilizados para pintar la bóveda fueron el óxido de hierro para los colores ocre y carbón. Sustancias no muy resistentes.

Hasta el año 1982, Altamira estuvo totalmente cerrada y fue entonces cuando realizaron su apertura pero esta vez con restricciones. Sólo podían visitarla 8000 personas al año. La entrada era gratis pero había que solicitarla al Museo de Altamira.

Esto duraría hasta el año 2002, en el que se terminó una réplica exacta de la cueva de Altamira, lo que hoy denominan como “Neocueva” y nosotros tuvimos la oportunidad de verla; aunque no se nos permitió grabar en vídeo ni tomar fotos –ni siquiera sin flash-. Los autores de la réplica de Altamira utilizaron los mismos elementos para pintar que los antiguos habitantes por lo que también podrían deteriorarse; pero sí que se pueden observar actualmente algunas piezas originales en el museo de Altamira.

En la sala de polícromos que hoy en día se denomina como “La capilla Sixtina del arte rupestre”, se pueden ver dibujos muy detallados y de gran tamaño de bisontes, ciervos, caballos, manos y otros símbolos, realizados magistralmente. El conjunto en sí es de una espectacularidad tal, que en parte comprendo por qué aquellos arqueólogos no creyeron lo que Marcelino les intentó contar.
Aquí podéis ver la entrada de la cueva de Altamira original, esto es lo más cerca que estuve de ella.

entrada-cueva-altamira

Horario de visita:
De mayo a octubre:
De martes a sábado de 9.30 a 20.00h
De noviembre a abril:
De martes a sábado de 9.30 a 18.00h
Todos los domingos y festivos de 9.30 a 15.00h
El museo permanecerá cerrado
Todos los lunes del año, 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 15 de septiembre, 24, 25 y 31 de diciembre.

Tarifas
Entrada: 3€
Entrada reducida: 1.50€
Entrada gratuita: sábados desde las 14:00 h., y domingos.

La primera y la tercera foto proceden del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, Ministerio de Cultura de España, con su autorización.

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