KOTOR, Montenegro
Abandonamos con sonrisas exhaustas a George, que se volvía de inmediato a Skopje (espero que fuera más rápido que la ida) y entramos en el casco antiguo del pequeño pueblo de Kotor por una de las tres puertas que posee la muralla. La Vrata od Mora o simplemente Puerta del Mar, sobre la que se puede leer una inscripción latina que dice más o menos ” No queremos lo que pertenece a otros, pero lo nuestro no lo rendiremos nunca.”
Nada más entrar, nos fundimos con la fauna propia de las poblaciones de la costa dálmata en verano (muchos italianos, rusos y un creciente número de españoles) y nos dispusimos a sacar algo de dinero en los saturados cajeros de la plaza principal. Un dato si viajas a Montenegro es que la moneda oficial es el euro, así que no hay que preocuparse demasiado por el cambio.
Buscamos nuestro hotel en el laberinto de callejuelas que forman el Stari Grad. El “Montenegro hostel” se encuentra muy bien situado, justo en el centro de la ciudad vieja y su precio en temporada alta es de unos 15 euros la noche en sosas habitaciones de 8 personas. Personalmente recomiendo que siempre que se viaje a cualquier punto de la costa dálmata, se lleve reservado el alojamiento porque las opciones baratas suelen estar limitadas o completas e incluso se puede perder mucho tiempo en buscar uno “in situ”. En las estaciones de autobuses suele haber gente ofertando habitaciones a buen precio, y siempre te dirán que están a 10 minutos del centro, pero no suele ser cierto.
Dejamos nuestras mochilas en la habitación y salimos a las bulliciosas calles de Kotor a cenar algo barato (sí, pizza) y tomar una cerveza en una pequeña terraza. Ya tendríamos tiempo de patear al día siguiente y después de las 13 horas de coche, nos merecíamos algo de relax.
Erróneamente se dice que Kotor se encuentra en el fiordo más meridional de Europa. En realidad, la bahía de Kotor está formada por el hundimiento masivo del cañón del río Bokelj en el mar adriatico. La vista de la bahía con la ciudad enclavada en la base de los impresionantes acantilados de Orjen y Lovcen desde cualquier punto, es espectacular. Con sus 4’5 kilómetros de murallas prácticamente intactas, edificios de dos o tres pisos de piedra blanca y tejados rojos junto a los suelos de mármol blanco, dan a Kotor un aspecto muy veneciano. No en vano, la ciudad estuvo dominada por éstos durante 400 años y es lo que ha otorgado ese aspecto tan característico no sólo a Kotor sino a ciudades como Dubrovnik, Korcula, Budva o Sveti Stefan.
Salimos del hostel y nos acomodamos en otra terraza a tomar un café y algo de desayunar (sí, en mi caso fue otro pedazo de pizza, me gustan los desayunos salados) y después de reunirnos los siete, decidimos lo primero ir a por los billetes de autobús del día siguiente a Dubrovnik. Kotor no es una ciudad cara, pero tampoco es como Bulgaria ni Macedonia. Los precios son bastante acordes a España en general. Eso sí, en este caso también hicimos lo correcto porque los autobuses en verano, especialmente los que se dirigen a Dubrovnik, o bajan hacia Budva y Sveti Stefan suelen ir bastante llenos y, que yo sepa, no se pueden comprar por Internet.
Por fin nos pusimos en marcha, simplemente dejándonos llevar con cierta indolencia, entre el entramado de calles que conforma la ciudad antigua, hasta llegar a la plaza en la que se encontraba la curiosa catedral de San Trifón (sí, lo sé… yo tampoco elegiría ese nombre para un hijo mío). Lo más curioso de la catedral románica, que data de 1166, es que las dos torres son bastante distintas entre sí. La catedral fue bastante dañada durante un terremoto en 1667 y la falta de fondos impidió que reconstruyera completamente. Su interior alberga una serie de bonitos frescos del siglo XIV que, al ser dañados por otro fuerte terremoto en 1979, han sido restaurados recientemente.
Después de seguir callejeando otro rato más entre turistas y gatos, todos ellos vagabundeando a su antojo por la ciudad, y de hacer la oportuna visita a la farmacia, pues las ampollas ya habían hecho acto de presencia en algún caso. Tomamos la agradable decisión de pertrecharnos con las toallas y los bañadores y hacer una visita de rigor a la playa.
Las playa más cercana a la ciudad vieja, esta como a unos 15 minutos andando del centro de la ciudad y es de piedras. Como en muchas de las playas de la costa dálmata, la arena brilla por su ausencia y éstas suelen ser de pequeños cantos rodados, con lo cual llevar un par de chancletas está de buen ver. El mar casi siempre está calmado y también es normal encontrar un DJ pinchando música hacia la playa desde el bar más cercano. En nuestro caso, y siguiendo la política de relax y vagancia que caracterizó los últimos días del viaje, decidimos acercarnos al súper más cercano. Nos hicimos con unas cervezas fresquitas para protagonizar una barra húmeda sentados en rocas ante la mirada atónita de algunos de nuestros vecinos de toalla.
La parte dura la guardamos para el final de la jornada. Después de torrarnos un poco decidimos que ya era hora de subir a la fortaleza cátara que domina Kotor desde la parte alta de la montaña. La decisión de hacer esto a última hora de la tarde se debe básicamente a motivos económicos y climatológicos. A partir de las 19h subir es gratis, mientras que el resto del día el precio son 5 euros y además, durante el día la temperatura alcanza fácilmente los 35 grados.
El ascenso de los 260 metros hasta la parte alta de las murallas es, en mi opinión, lo más bonito de Kotor. Construidas durante el dominio veneciano de la ciudad, en lo alto de las mismas se encuentran las ruinas de la fortaleza de San Iván, desde las que se ve el golfo de Kotor, la ciudad y sus alrededores. La subida es dura con rampas bastante fuertes y hay que tener un poquito de cuidado donde pones los pies. Las murallas de la antigua fortaleza también resultaron seriamente dañadas durante el terremoto de 1979 y desde que los austriacos abandonaron Kotor en 1918 no han sido reparadas. La vegetación y el abandono han hecho bastante mella en ellas. Están incluidas dentro de la lista de patrimonio mundial por la UNESCO.
Después de la subida, y su consiguiente bajada (si es de noche, se recomienda una linterna), salimos a cenar algo, dar un paseo y tomarnos una cerveza en uno de los pubs al aire libre fuera de las murallas. Nos acercamos a la que debe ser la única discoteca que hay en la ciudad vieja, que lleva el nombre de “Maximus”, y tras oír el atronador y atroz techno que emanaban sus puertas, decidimos dar por finalizadas nuestras actividades nocturnas y prepararnos para Dubornik al día siguiente.
Si eres de culo inquieto, como solemos ser nosotros, Kotor no es un sitio para pasar una semana, pero es ideal para estar uno o dos días tranquilos o incluso para una escapada romántica. Kotor es un sitio que merece la pena visitar.
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¡Fotazas y dibujazo!
La verdad es que la costa de Montenegro esconde joyas por todos los sitios. La misma carretera que une Podgorica (ciudad anodina donde las haya) con la costa es de mis favoritas de Europa. ¿ Llegasteis vosotros por esa misma?
(Por si a alguien que lea esto le interesa, los monasterios que se encuentran en los laterales de esa carretera son espectaculares todos).
Y sí, muy de acuerdo en que lo mejorcito de Kotor es ver las vistas desde lo alto de la colina. A mitad de altura más o menos sale un camino de cabras. Si se sigue se llega a una antigua comuna,hoy habitada por alemanes y daneses ya longevos, reticentes a abandonar el espíritu hippie que un día les llevo allí y que comparten encantados los frutos de su huerto con los escasos visitantes.
En breve,aunque no sea con el culete mojado y con un DJ tocando (la costa dálmata se está convirtiendo en Ibiza!) nos vemos y nos contamos.
Un abrazo fuerte chicos!
muchas gracias Antonio, me estoy acostumbrando a esto de escribir =)
No sabía lo del camino de cabras a la comuna … me lo guardo para la próxima, que la costa dálmata y yo empezamos a tener una larga historia, aunque sí, se esta convirtiendo en la Ibiza italiana, aunque los cascos históricos de las ciudades siguen guardando encanto a cascoporro.
Nos vemos por aqui cuando vengas, que espero sea muy pronto =)
La foto de la medusa es preciosa, es tuya?
Inés,
envuelveme el dibujo que me lo quedo.
Veo que la costa Dálmata es mucho más que Dubrokniv! Asi que la cuesta al fuerte es durilla?? Pero seguro que las vistas compensaron el esfuerzo!
Saludos
Las fotos están mezcladas, Ander, unas son mías y otras son de Inés .. la de la medusa es suya y es muy chula =)
El siguiente paso, y final de viaje es Dubrovnik, M.C. Y la costa dálmata tiene muchísimas mas cosas. aunque Dubrovnik sea “la joya de la corona” (por decirlo de alguna manera), desde Split, o incluso más arriba, hasta la Albania hay sitios increibles =)
Vaya, veo que la Costa Dálmata guarda muchas cosas interesantes. Me ha encanado la foto de la medusa y las vistas desde la fortaleza.
Por que no pones las fotos mas grande? Es una pena estos sitios tan bonitos.
Te estas haciendo especialista en la Europa del Este.
Saludos viajeros
Inés, no dejas de sorprenderme. Relatazo, lugar para apuntarse de ver una vez en la vida al menos y sobre todo… sobre todo… FOTAZAS Y DIBUJAZO. Genial genial!
Un abrazo muy fuerte.. y acuerdate que tenemos una cita pendiente en los Madriles antes de fin de año eh.
En 2008 también estuvo en kotor, personalmente me gustó más que otras partes de la costa de los balcanes que tienen mucho más nombre, una gozada:
Impresionante, veo que no tiene nada que ver con el Montenegro que me contaron unos amigos que lo pasaron realmente mal visitando la capital (era hace unos años) y había algo de polémica y estaba todo un poco alborotado pero gracias a esto tal vez me aventure a visitar este país.
Por cierto, he realizado un blog sobre Transnitria y te hago referencia (en unos días lo subiré, maybe the weekend) si no fuese por ti tampoco conocería ese lugar.
Aparte de ser genial tu blog es super didáctico
.
un saludo.
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