Francia

Un paseo por el alto Loira: Montpeyroux, Lavaudieu y Le Puy en Valey, Francia



Para finalizar mi viaje por Auvernia, visité dos pueblos situados en el Alto Loira que se incluyen en la lista de “Los pueblos más bonitos de Francia”: Lavaudieu y Le Puy. Pero antes, paré para dar un paseo por el pequeño pueblo medieval de Montpeyroux, cuyo nombre quiere decir “monte de piedra” por el material con el que se construyen las casas y porque en sus proximidades se hallan unas grandes canteras.  Eran aproximadamente las diez de la mañana y no se veía un alma en la calle, probablemente el único madrugador habría sido el panadero que había colgado sus pedidos de baguettes en las puertas de cada casa con decoración en forma de corazones.

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Estoy segura de que cuando sus habitantes despertaran darían gracias por las vistas que tienen desde la ventana debido a la situación de Montperoyroux en lo alto de una colina.

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Aunque aquel día yo tampoco me podía quejar, las vistas en el hotel en donde me alojé no tenían nada que envidiar a las que ven los vecinos de Montpeyroux.

Fue un paseo agradable por sus callejuelas que serpentean hasta el torreón del siglo XIII.
A una distancia de unos 52km se encuentra Lavaudieu, su nombre significa “El valle de Dios” y es uno de Los pueblos más bellos de Francia. No lo digo yo, para eso hay que cumplir una serie de requisitos. Podéis verlo en la página web Les plus beaux villages de France.

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Aquí pudimos admirar su abadía, un claustro románico que se salvó de la destrucción de muchos edificios en Auvernia. Se fundó en el siglo XI y llama la atención la variedad de sus columnas. No hay ninguna igual que otra; unas rotan sobre sí mismas, son cilíndricas o poligonales y sus capiteles presentan decoración vegetal y animal. Entre los capiteles se puede ver una sirena-pez de doble cola, un ángel, leones y la representación de la lujuria (una mujer cuyos pechos son mordidos por dos salamandras) y la avaricia (individuo con la bolsa de monedas colgada del cuello).

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En este edificio vivieron treinta monjas hasta que se les expulsó durante la Revolución Francesa. Se vendió el lugar como monumento nacional, y sus terrenos fueron distribuidos a los campesinos divididos en parcelas. (Mientras estaba recogiendo estos datos, pasaron dos cazas emitiendo un estruendo terrible que me pegaron un susto de aúpa). No dejéis de ver su gran fresco románico.

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Fuimos a comer a Rilhac al restaurante La petite Ecole. Me pedí salmón a pesar de estar en una región montañosa. ¡Pero es que lo ofrecen en todos los restaurantes!
Después en el autobús me eché una siesta con las cortinas cerradas para que no entrara el solazo que hacía aquel día. Cuando me desperté corrí los visillos aún con los ojos entrecerrados y me pareció que aún seguía durmiendo… y soñando. El onírico paisaje de Le Puy en Velay me hizo frotarme los ojos, como en los dibujos animados, para ver si lo que había ante mí era real o no.

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Dos rocas volcánicas de grandes dimensiones dominaban la ciudad, sobre una de ellas, se podía ver una enorme estatua de la virgen de color rojo y sobre otra se encontraba la capilla de Sant Michel D’Aiguilhe elevándose a 82metros.
Comenzamos nuestra visita en la plaza Martouret, cuyo nombre significa “cementerio” y no es de extrañar.  En esta plaza se instaló una guillotina durante la Revolución Francesa en la que se ejecutaron a 41 personas. También fue escenario de la quema de “la milagrosa” Virgen Negra. A la izquierda está el ayuntamiento, de estilo Luis XV, que ha tenido que reconstruirse en tres ocasiones por culpa de los incendios.
Atravesamos la Rue Courreire y vimos un curioso edificio que un italiano decoró con los tres estilos griegos en los capiteles de sus columnas: dórico, jónico y corintio: uno por cada planta. En toda la zona de la ciudad alta se conservan los elementos arquitectónicos de las casas antiguas: torres, puertas y ventanas con parteluces esculpidos.
La Plaza du Plot es el punto de partida de una de las cuatro grandes rutas del Camino de Santiago, la Vía Podensis. Hace mil años, un obispo de origen español quiso crear un enlace entre Le Puy en Valey y su país natal. Y bien que lo hizo, la ciudad se convirtió en un lugar muy transitado por los peregrinos, que era lo equivalente a los turistas de hoy en día, dando un importante empujón económico al lugar.

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Mientras caminamos nos percatamos de una arraigada tradición del lugar, el encaje de bolillos. En  la actualidad mantienen sus conocimientos antiguos sobre estos tejidos hechos a mano y las técnicas se han mantenido gracias a la creación de una academia nacional de encaje.

encaje bolillos

Y por fin llegamos a la catedral de Notre Dame de Puy que forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco. Aunque se construyó entre los siglos XI y XII, se derrumbó y hubo que reconstruirla en el siglo XIX. ¡Para ello utilizaron sus piedras originales!
Su puerta de entrada de 800 años de edad, nos muestra una peculiaridad: su constructor, un español musulmán, talló las palabras “Gloria a Alá”. Sí, en una iglesia cristiana. Y ahí se ha quedado. De origen románico, contribuyó al desarrollo de la ciudad, por la peregrinación a la catedral.

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Saliendo por la puerta trasera de Notre Dame, aparecí en un mirador en donde contemplar las colinas volcánicas de las que hablé al principio.

La estatua de “Notre Dame de France”. El 8 de septiembre de 1855 (día de la natividad de la Virgen), el general Pèlisser ganó la guerra de Crimea durante el sitio de Sebastopol. Bajo Napoleón III  construyeron esta gran estatua de la Virgen con el metal de los cañones rusos capturados en la guerra de Crimea. Mide 12 metros -16 si contamos la base- y pesa 835 toneladas.

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La Capilla de Saint-Michel de Aiguilhe fue construida en el año 962 sobre una formación volcánica de 85 metros de altura. Se puede acceder a la capilla por 268 escalones tallados en la roca, qué pena que cuando llegamos por la tarde ya habían cerrado el acceso.

Aquella noche cenamos en el restaurante François Gagnaire dentro del hotel donde nos alojamos, que puede presumir de poseer una estrella Michelin. Delicias como foie o una selección de quesos auverneses, que contienen microorganismos. Hasta nos dejaron una lupa para observarlos, pero confieso que no llegué a verlos –tampoco es que yo pueda presumir de tener una vista de lince-. Pero lo que más me sorprendió fue el plato de lentejas más raro que he probado en mi vida. Contenía lentejas confitadas, pan de lentejas y… una maceta con una plantita de esta legumbre que había crecido en una “tierra” a base de lentejas y chocolate. Y es que las lentejas verdes del Puy, con una etiqueta de origen certificado, protagonizan la gastronomía de la zona. Y cómo no, terminamos la cena –y el viaje– probando la verbena de Velay, un licor digestivo de unos 40 grados.

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Aquí termina esta escapada de cuatro días por la región volcánica de Auvernia. Si os interesa cómo fue el resto del viaje, os invito a leer el resto de los artículos.

 

 

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Bon voyage!

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